PLAZA DE ANAYA
30 minutos
La Plaza de Anaya es uno de los rincones más emblemáticos de Salamanca y un lugar de paso obligado para todo aquel que visita la ciudad. Su origen se remonta a la Guerra de la Independencia, cuando el General Thiebault mandó derribar el caserío que se extendía entre la fachada del Colegio de Anaya y el atrio norte de la Catedral. En el lado norte de la plaza, frente a la Catedral Nueva, se encuentra el Colegio de Anaya, primer colegio mayor universitario fundado en España. El edificio, que hoy acoge la Facultad de Filología, queda flanqueado a izquierda y derecha por la Iglesia de San Sebastián -antigua capilla del colegio- y por la Hospedería de Anaya, donde se alojaban los estudiantes cuando acababan sus estudios. Sus jardines ofrecen una excepcional zona de descanso a los estudiantes y a los turistas que hacen un alto en el camino para descansar y contemplar extasiados el magnífico espectáculo que les rodea.
Leer Más
Durante la Guerra de la Independencia Salamanca vio desaparecer una gran parte de su patrimonio monumental. La decisión de construir varios fuertes franceses provocó la desaparición de todos los monumentos de la zona suroeste de la ciudad, mientras que el resto de conventos y colegios quedaron muy dañados por su uso como cuarteles y hospitales de guerra. A los efectos de la guerra hubo que añadir poco después los no menos destructivos de las desamortizaciones decimonónicas.
Será en este periodo cuando surja la Plaza de Anaya por iniciativa de Paul Thiébault, en ese momento jefe militar del ejército francés en Salamanca. Thiébault, hospedado en el antiguo Colegio Mayor de San Bartolomé, ordenó en 1811 derribar la manzana de casas que se levantaba entre la fachada de dicho colegio y la Catedral Nueva. Antes de esa fecha, la zona conservaba su trazado medieval de callejuelas estrechas e intrincadas. En este lugar existía ya una pequeña plaza vinculada a la parroquia medieval de San Sebastián, que se alzaba frente a las escalinatas del Colegio de Anaya. El proyecto de Thiébault intentó transformar la plaza en un espacio despejado, acorde con los cánones ilustrados de la época. Thiebault, sin embargo, no vio culminado su proyecto puesto que con la salida de las tropas napoleónicas en 1812 la plaza quedó sin urbanizar.
La plaza sufrirá varias diversas remodelaciones desde finales del siglo XIX. La primera de ellas fue la apertura en 1890 del último tramo de la Rúa Mayor. La actual estructura de la Plaza de Anaya, salvo algunas pequeñas modificaciones, responde a la remodelación realizada en 1932 por el arquitecto municipal Ricardo Pérez. En ese momento se modificó el atrio de la catedral, para darle una disposición paralela a la de los jardines, y se recuperaron las escalinatas del Colegio de Anaya que habían quedado enterradas desde el siglo XIX. La última gran reforma, realizada entre 1972 y 1975, confirió a la plaza su aspecto actual. Se rediseñó el atrio de la Catedral sustituyendo la escalinata en ángulo por una escalera situada frente a la Puerta de Ramos. Se consolidó un jardín regular con parterres, setos y árboles emblemáticos como la secuoya “de la ciudad”, que se convirtió en un símbolo del lugar. La estatua del Padre Cámara, que había sido colocada en la plaza en 1910, fue retirada a su ubicación actual junto al Palacio Episcopal. Las últimas reformas han dotado a la plaza de rampas que permiten el acceso entre los distingos niveles de terrazas y de baños públicos bajo el atrio de la catedral.
Será en este periodo cuando surja la Plaza de Anaya por iniciativa de Paul Thiébault, en ese momento jefe militar del ejército francés en Salamanca. Thiébault, hospedado en el antiguo Colegio Mayor de San Bartolomé, ordenó en 1811 derribar la manzana de casas que se levantaba entre la fachada de dicho colegio y la Catedral Nueva. Antes de esa fecha, la zona conservaba su trazado medieval de callejuelas estrechas e intrincadas. En este lugar existía ya una pequeña plaza vinculada a la parroquia medieval de San Sebastián, que se alzaba frente a las escalinatas del Colegio de Anaya. El proyecto de Thiébault intentó transformar la plaza en un espacio despejado, acorde con los cánones ilustrados de la época. Thiebault, sin embargo, no vio culminado su proyecto puesto que con la salida de las tropas napoleónicas en 1812 la plaza quedó sin urbanizar.
La plaza sufrirá varias diversas remodelaciones desde finales del siglo XIX. La primera de ellas fue la apertura en 1890 del último tramo de la Rúa Mayor. La actual estructura de la Plaza de Anaya, salvo algunas pequeñas modificaciones, responde a la remodelación realizada en 1932 por el arquitecto municipal Ricardo Pérez. En ese momento se modificó el atrio de la catedral, para darle una disposición paralela a la de los jardines, y se recuperaron las escalinatas del Colegio de Anaya que habían quedado enterradas desde el siglo XIX. La última gran reforma, realizada entre 1972 y 1975, confirió a la plaza su aspecto actual. Se rediseñó el atrio de la Catedral sustituyendo la escalinata en ángulo por una escalera situada frente a la Puerta de Ramos. Se consolidó un jardín regular con parterres, setos y árboles emblemáticos como la secuoya “de la ciudad”, que se convirtió en un símbolo del lugar. La estatua del Padre Cámara, que había sido colocada en la plaza en 1910, fue retirada a su ubicación actual junto al Palacio Episcopal. Las últimas reformas han dotado a la plaza de rampas que permiten el acceso entre los distingos niveles de terrazas y de baños públicos bajo el atrio de la catedral.
La Plaza de Anaya es uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad de Salamanca. Su belleza y valor histórico la convierten en símbolo de la vida urbana y académica salmantina. Son muy pocos los vecinos que pueden presumir de disfrutar de vistas directas a esta plaza desde sus hogares, ya que casi todo su perímetro lo ocupan edificios académicos y religiosos que definen su carácter y singularidad.
Gran parte del flanco norte lo ocupa el antiguo Colegio de Anaya, del que forman parte la Hospedería y la Iglesia de San Sebastián. En el lado oeste, el espacio se cierra con la Facultad de Traducción e Interpretación y las Escuelas Mayores. En los muros decimonónicos de este último edificio, una placa conmemora la célebre frase que Cervantes dedicó a Salamanca a través del protagonista del Licenciado Vidriera: “Salamanca, que enhechiza la voluntad de volver a ella a quienes de la apacibilidad de su vivienda han gustado”.
La Catedral Nueva domina el flanco sur de la plaza, y su famosa Puerta de Ramos capta inevitablemente la atención de quienes la contemplan y descubren asombrados un astronauta asomado entre los follajes y la ornamentación tardogótica que la adorna.
Gran parte del flanco norte lo ocupa el antiguo Colegio de Anaya, del que forman parte la Hospedería y la Iglesia de San Sebastián. En el lado oeste, el espacio se cierra con la Facultad de Traducción e Interpretación y las Escuelas Mayores. En los muros decimonónicos de este último edificio, una placa conmemora la célebre frase que Cervantes dedicó a Salamanca a través del protagonista del Licenciado Vidriera: “Salamanca, que enhechiza la voluntad de volver a ella a quienes de la apacibilidad de su vivienda han gustado”.
La Catedral Nueva domina el flanco sur de la plaza, y su famosa Puerta de Ramos capta inevitablemente la atención de quienes la contemplan y descubren asombrados un astronauta asomado entre los follajes y la ornamentación tardogótica que la adorna.
La Plaza de Anaya queda delimitada al norte por El Colegio de Anaya y al sur por el atrio de la Catedral Nueva. El espacio comprendido entre ambos monumentos describe una forma trapezoidal de unos 3000 m2. Se estructura en tres niveles que salvan el desnivel del terreno a través de escalinatas. En las últimas reformas se han incorporado rampas para hacer la plaza accesible entre su parte más elevada y la más baja, que cae con gran pendiente hacia la Calle del Tostado. En las dos plataformas más elevadas se diseñaron parterres delimitados por setos de boj entre los que discurren senderos enlosados. Grandes bancos de granito se integran en el trazado, permitiendo el descanso y la visión relajada de los monumentos.
La idea inicial fue plantar arbustos bajos que no interfiriesen con la majestuosa vista de los monumentos que rodean la plaza. Sin embargo, con el paso del tiempo, este espacio fue ocupado por árboles de gran envergadura que ofrecen cobijo y sombra, haciendo más agradables los días de verano para quienes se sientan a disfrutar de la atmósfera del lugar. Entre las especies que destacan por su imponente porte se encuentran tres cedros, que alcanzan más de 20 metros de altura. Su silueta parece querer disputar el protagonismo a los pináculos de la Catedral Nueva, en un diálogo vertical entre naturaleza y arquitectura. Especial mención merece la joven secuoya plantada en 1976 como homenaje a la secuoya centenaria que desde el patio de las Escuelas Mayores sigue siendo testigo de la vida universitaria.
La idea inicial fue plantar arbustos bajos que no interfiriesen con la majestuosa vista de los monumentos que rodean la plaza. Sin embargo, con el paso del tiempo, este espacio fue ocupado por árboles de gran envergadura que ofrecen cobijo y sombra, haciendo más agradables los días de verano para quienes se sientan a disfrutar de la atmósfera del lugar. Entre las especies que destacan por su imponente porte se encuentran tres cedros, que alcanzan más de 20 metros de altura. Su silueta parece querer disputar el protagonismo a los pináculos de la Catedral Nueva, en un diálogo vertical entre naturaleza y arquitectura. Especial mención merece la joven secuoya plantada en 1976 como homenaje a la secuoya centenaria que desde el patio de las Escuelas Mayores sigue siendo testigo de la vida universitaria.