IGLESIA DE LA CLERECIA Y UNIVERSIDAD PONTIFICIA
30 minutos
El imponente conjunto formado por la Iglesia de la Clerecía y la Universidad Pontificia de Salamanca fue, originariamente, el Colegio Real de la Compañía de Jesús. La Iglesia fue dedicada al Espíritu Santo por expreso deseo de la reina Margarita de Austria. Mudó su nombre por el de Iglesia de la Clerecía en 1767, al pasar a depender de la Real Clerecía de San Marcos tras la expulsión de los jesuitas. Desde 1940 es la sede de la Universidad Pontificia de Salamanca. La universidad ofrece visitas guiadas tanto al colegio como a la iglesia, brindando a los visitantes la oportunidad de conocer su historia y patrimonio. Además, es posible ascender a las torres de la iglesia a través de un recorrido fascinante que ofrece vistas panorámicas excepcionales de Salamanca (Scala Coeli).
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Precio visita libre
- Individual - 4.00 €
- Niños (Edad máxima: 12) - 0.00 €
- Grupos - 3.00 €
El majestuoso conjunto arquitectónico que hoy conforman la Iglesia de la Clerecía y la Universidad Pontificia tuvo su origen en el Colegio Real de la Compañía de Jesús, dedicado al Espíritu Santo. El Real Colegio fue fundado a principios del siglo XVII por iniciativa de los reyes de España, Felipe III y Margarita de Austria.
La presencia de la Compañía en Salamanca se remonta al siglo XVI, cuando un joven Ignacio de Loyola intentó, sin éxito, estudiar en la Universidad de Salamanca. A finales del siglo XVI los jesuitas comenzarán la construcción de un gran colegio en la zona de Peñuelas de San Blas, en el que residirán hasta 1665, año en el que se trasladarán al nuevo colegio de la Calle Compañía. Tras la visita de los monarcas a Salamanca en 1601, la reina tomó la decisión de fundar un nuevo colegio para la Compañía de Jesús, con el propósito de formar misioneros destinados a la evangelización en América y en Europa. La construcción se prolongó durante más de ciento cincuenta años. El resultado fue un conjunto arquitectónico de excepcional magnitud, considerado una obra maestra del barroco europeo.
El arquitecto elegido para realizar la obra fue Juan Gómez de Mora, arquitecto real de Felipe III. Gómez de Mora diseñó los planos entre 1616-1618, sobre los que luego otros arquitectos introducirán modificaciones, iniciándose la construcción en 1617. Las obras comenzaron por la Iglesia siguiendo la tipología jesuítica de una nave con capillas laterales y crucero. La configuración final del interior del edificio se hará en el siglo XVIII. Será el arquitecto Andrés García de Quiñones quién termine la fachada de la iglesia y construya el claustro principal, la escalera noble y el General de Teología (hoy Paraninfo de la Universidad Pontificia).
Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, el edificio se dividió en tres partes. La Iglesia y la Sacristía fueron entregadas a la Real Clerecía de San Marcos, dando origen a su nombre actual. El ala meridional, organizada en torno al claustro de la comunidad, fue destinada a los estudiantes irlandeses, recibiendo el nombre popular de “La Irlanda”. En la actualidad, ese claustro alberga la biblioteca Vargas Zúñiga, así como aulas y despachos de la Universidad Pontificia. Por su parte, el colegio, estructurado alrededor del claustro principal, pasó a convertirse en la sede del Seminario Conciliar,
Cuando los jesuitas fueron expulsados, aún quedaba por concluir la fachada de la portería principal del colegio, tarea que emprendió el obispo Felipe Beltrán. La obra no se finalizó hasta doce años después de la expulsión, como lo confirma la inscripción situada sobre el escudo del obispo Beltrán (Anno MDCCLXXIX).
Durante el siglo XIX, y especialmente durante la Guerra de la Independencia, el edificio fue utilizado en varias ocasiones como cuartel y hospital de sangre por las tropas acantonadas en la ciudad. Posteriormente, retomó su función como seminario y, desde 1940, se convirtió en la sede principal de la Universidad Pontificia de Salamanca.
Desde el punto de vista artístico, la Iglesia y el Colegio representan los elementos más destacados de este gran conjunto arquitectónico. Ambos espacios, junto con el recorrido por las torres de la iglesia (Scala Coeli), están abiertos al público, brindando a los visitantes una experiencia única para adentrarse en su historia.
La presencia de la Compañía en Salamanca se remonta al siglo XVI, cuando un joven Ignacio de Loyola intentó, sin éxito, estudiar en la Universidad de Salamanca. A finales del siglo XVI los jesuitas comenzarán la construcción de un gran colegio en la zona de Peñuelas de San Blas, en el que residirán hasta 1665, año en el que se trasladarán al nuevo colegio de la Calle Compañía. Tras la visita de los monarcas a Salamanca en 1601, la reina tomó la decisión de fundar un nuevo colegio para la Compañía de Jesús, con el propósito de formar misioneros destinados a la evangelización en América y en Europa. La construcción se prolongó durante más de ciento cincuenta años. El resultado fue un conjunto arquitectónico de excepcional magnitud, considerado una obra maestra del barroco europeo.
El arquitecto elegido para realizar la obra fue Juan Gómez de Mora, arquitecto real de Felipe III. Gómez de Mora diseñó los planos entre 1616-1618, sobre los que luego otros arquitectos introducirán modificaciones, iniciándose la construcción en 1617. Las obras comenzaron por la Iglesia siguiendo la tipología jesuítica de una nave con capillas laterales y crucero. La configuración final del interior del edificio se hará en el siglo XVIII. Será el arquitecto Andrés García de Quiñones quién termine la fachada de la iglesia y construya el claustro principal, la escalera noble y el General de Teología (hoy Paraninfo de la Universidad Pontificia).
Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, el edificio se dividió en tres partes. La Iglesia y la Sacristía fueron entregadas a la Real Clerecía de San Marcos, dando origen a su nombre actual. El ala meridional, organizada en torno al claustro de la comunidad, fue destinada a los estudiantes irlandeses, recibiendo el nombre popular de “La Irlanda”. En la actualidad, ese claustro alberga la biblioteca Vargas Zúñiga, así como aulas y despachos de la Universidad Pontificia. Por su parte, el colegio, estructurado alrededor del claustro principal, pasó a convertirse en la sede del Seminario Conciliar,
Cuando los jesuitas fueron expulsados, aún quedaba por concluir la fachada de la portería principal del colegio, tarea que emprendió el obispo Felipe Beltrán. La obra no se finalizó hasta doce años después de la expulsión, como lo confirma la inscripción situada sobre el escudo del obispo Beltrán (Anno MDCCLXXIX).
Durante el siglo XIX, y especialmente durante la Guerra de la Independencia, el edificio fue utilizado en varias ocasiones como cuartel y hospital de sangre por las tropas acantonadas en la ciudad. Posteriormente, retomó su función como seminario y, desde 1940, se convirtió en la sede principal de la Universidad Pontificia de Salamanca.
Desde el punto de vista artístico, la Iglesia y el Colegio representan los elementos más destacados de este gran conjunto arquitectónico. Ambos espacios, junto con el recorrido por las torres de la iglesia (Scala Coeli), están abiertos al público, brindando a los visitantes una experiencia única para adentrarse en su historia.
La visita al conjunto de los que fue el Colegio Real del Espíritu Santo se divide en dos grandes partes: por un lado, la Universidad Pontificia y la Iglesia de la Clerecía y, por otro, la subida a las torres (Scala Coeli). El recorrido por La Universidad y la Iglesia se hace siempre incorporándose a las visitas guiadas que ofrece la Universidad mientras que la subida a las torres es visita libre. Para ambos recorridos es preciso sacar el tique en la taquilla situada en el zaguán de entrada.
La Visita guiada a la actual Universidad Pontificia y a la Iglesia de la Clerecía incluye los siguientes espacios:
• Aula Magna
• Escalera Monumental
• Claustro de los Estudios
• Iglesia del Espíritu Santo (Clerecía)
En la planta noble del claustro se encuentra una serie de 28 cuadros que narran la vida de San Ignacio de Loyola (“Vita Ignatii”).
La Visita guiada a la actual Universidad Pontificia y a la Iglesia de la Clerecía incluye los siguientes espacios:
• Aula Magna
• Escalera Monumental
• Claustro de los Estudios
• Iglesia del Espíritu Santo (Clerecía)
En la planta noble del claustro se encuentra una serie de 28 cuadros que narran la vida de San Ignacio de Loyola (“Vita Ignatii”).
EL EXTERIOR DEL EDIFICIO
Desde su privilegiada ubicación, en pleno casco histórico y en lo alto del Teso de las Catedrales, el Colegio Real domina toda la ciudad histórica. El colegio ocupa una extensa manzana de la ciudad con fachadas a la Calle Compañía, a la que da nombre, y a las de Serranos y Cervantes. Los paramentos exteriores, recorridos por cientos de ventanas colocadas en hileras superpuestas, recuerdan a los del Monasterio de El Escorial. Cuando se observa desde la distancia destacan dos largos pabellones con galerías situados al norte y sur del edificio.
El colegio se estructura en torno al gran Claustro de Estudios, con la iglesia situada al mediodía. En el lado oriental, hacia la calle Cervantes, se encuentra el claustro menor, hoy ocupado por la biblioteca Vargas Zúñiga de la Universidad Pontifica.
LA FACHADA DE LA IGLESIA
La fachada queda encajonada en la Calle Compañía, frente a la Casa de las Conchas. Mediante su articulación arquitectónica, a base de columnas de orden gigantes y grandes entablamentos, rompe la monotonía de los muros exteriores. Su crecimiento en altura refleja la evolución del edificio desde la sobriedad manierista de las puertas adinteladas hasta la gran barroquización de las torres y espadaña. Se estructura como si fuese un gran retablo dividido en dos cuerpos y tres calles, individualizadas por columnas de orden gigante. Se remata con las imponentes torres que flanquean la espadaña con el relieve de la Venida del Espíritu Santo.
En el primer cuerpo del templo, sobre las puertas laterales, destacan los escudos de Felipe III y Margarita de Austria. La hornacina central, situada sobre la puerta principal, acoge una escultura de San Ignacio de Loyola.
LA CÚPULA
La cúpula, de planta octogonal y con más de 50 m. de altura, es uno de los elementos más impresionantes del conjunto. Sin embargo, desde el punto de vista técnico, presenta ciertas deficiencias por lo que ha tenido que ser restaurada en varias ocasiones, especialmente tras el terremoto de Lisboa de 1755, cuyos efectos le provocaron grietas y desplomes .
PORTADA DEL COLEGIO
Jerónimo García de Quiñones fue el encargado de completar la portada del colegio tras la expulsión de los jesuitas, momento en el que el edificio pasó a ser Seminario Conciliar.
La portada se eleva sobre el nivel de la calle y su acceso se realiza a través de una escalinata de doble tiro. Su estructura sigue el modelo de fachada-retablo, articulada en dos cuerpos separados por un robusto entablamento. En la parte inferior, dos estilizadas semicolumnas enmarcan el conjunto, mientras que sobre la puerta destaca el escudo del obispo Beltrán, acompañado de una inscripción que señala la fecha de su construcción. En el segundo cuerpo, sobre la ventana central, se encuentra el escudo de Carlos III.
LA IGLESIA
La construcción de la iglesia comenzó el año 1617 y fue consagrada en 1665. Sigue la tipología jesuítica de una nave con capillas laterales, comunicadas entre sí mediante puertas adinteladas. Sobre las capillas están las tribunas, abiertas a la iglesia mediante puertas con balcones. Fue diseñada y construida hasta el nacimiento de las bóvedas por Juan Gómez de Mora, y es aquí donde mejor se aprecia la influencia del Escorial. Sobre el crucero se alza la enorme cúpula, cuyas pechinas lucen esculpidos los escudos de Felipe III.
En el interior de la iglesia se decoró con 10 retablos, destacando sobre todos el del altar mayor. Fue realizado por Juan Fernández entre 1673 y 1675 en un estilo prechurrigueresco. Tiene 22 metros de altura y su cuerpo central lo recorren enormes columnas salomónicas. En la calle central destacan el altorrelieve de la Venida del Espíritu Santo, flanqueado por las estatuas de los Padres de la Iglesia Occidental. El ático lo preside el relieve de la Virgen inspirando los Ejercicios Espirituales a San Ignacio. Los retablos del crucero fueron consagrados a S. Francisco Javier y a San Ignacio de Loyola. Cada una de las siete capillas laterales se decora con grandes retablos barrocos con distintas advocaciones. Destacando los dedicados a Santa Catalina de Alejandría, a la Visitación de la Virgen a su prima Santa Isabel y a Santiago.
En esta iglesia tienen su sede dos Hermandades Penitenciales que participan en la Semana Santa salmantina:
• La Hermandad Universitaria del Santísimo Cristo de la Luz y Ntra. Sra. Madre de la Sabiduría. Fundada en 1948.
• La Hermandad de N.P. Jesús Flagelado y Nuestra Señora de las Lágrimas. Fundada en 1948.
El Flagelado es una magnífica obra de Luis Salvador Carmona (1760). Fue realizado para el retablo de la sacristía, que hoy tiene uso académico, por lo que se ha colocado en la iglesia, sobre el altar del retablo de Santa Catalina.
PLANTA NOBLE DEL CLAUSTRO
Las galerías interiores de la planta noble del claustro están cubiertas por bóvedas de cañón con lunetos. Sobre las puertas de los ángulos destacan lienzos con retratos de cardenales y obispos de la Compañía de Jesús.
Los muros de las galerías están decorados con 28 lienzos que narran la vida de San Ignacio de Loyola. Fueron realizados en Roma, en el taller de Sebastián Conca, a mediados del siglo XVIII.
AULA MAGNA
En la galería oeste del claustro, junto a la escalera principal, se abre el General de Teología, hoy Paraninfo de la Universidad Pontificia. El general de teología fue terminado en 1746 por A. García de Quiñones.
Es una amplia sala de forma rectangular, cuya bóveda está ricamente ornamentada con yeserías y estucos entre los que se entremezclan figuras alegóricas e inscripciones en latín. En lo alto de la bóveda están representados los cuatro Doctores de la Iglesia Latina, intercalados con los escudos de Felipe III y Margarita de Austria. En los grandes lunetos de los testeros se representa al P. Diego Lainez exponiendo una de sus lecciones magistrales ante el Concilio de Trento y a la Sabiduría y a San Ignacio enviando a sus hijos a enseñar todas las ciencias.
ESCALERA PRINCIPAL
En el ala oeste se sitúa la escalera principal que comunica las distintas plantas del claustro. Se debe también a Andrés García de Quiñones y está cubierta por una bóveda de paños cuajados de estucos con escudos policromados de los fundadores. Es una espectacular escalera volada de nueve tramos. El precedente de esta escalera se encuentra en la que Rodrigo Gil de Hontañón realizó para el convento dominico de San Esteban a mediados del siglo XVI.
CLAUSTRO DE LOS ESTUDIOS
El Colegio alberga un monumental claustro barroco de tres pisos, obra de Andrés García de Quiñones. Su estructura se compone de tres cuerpos, los dos primeros recorridos por columnas de orden gigante similares a las de la fachada. Sólo en el nivel inferior las galerías tienen arcos abiertos al patio. La planta noble tiene balcones con puertas coronados por óculos apaisados. Es en este cuerpo donde se concentra la decoración, destacando dos escudos del rey Felipe V en cada lado.
Cada año, cuando acaba el curso, este claustro sirve de marco incomparable para la foto de los jóvenes que se graduan en las facultades que tienen su sede en este edifico.
Desde su privilegiada ubicación, en pleno casco histórico y en lo alto del Teso de las Catedrales, el Colegio Real domina toda la ciudad histórica. El colegio ocupa una extensa manzana de la ciudad con fachadas a la Calle Compañía, a la que da nombre, y a las de Serranos y Cervantes. Los paramentos exteriores, recorridos por cientos de ventanas colocadas en hileras superpuestas, recuerdan a los del Monasterio de El Escorial. Cuando se observa desde la distancia destacan dos largos pabellones con galerías situados al norte y sur del edificio.
El colegio se estructura en torno al gran Claustro de Estudios, con la iglesia situada al mediodía. En el lado oriental, hacia la calle Cervantes, se encuentra el claustro menor, hoy ocupado por la biblioteca Vargas Zúñiga de la Universidad Pontifica.
LA FACHADA DE LA IGLESIA
La fachada queda encajonada en la Calle Compañía, frente a la Casa de las Conchas. Mediante su articulación arquitectónica, a base de columnas de orden gigantes y grandes entablamentos, rompe la monotonía de los muros exteriores. Su crecimiento en altura refleja la evolución del edificio desde la sobriedad manierista de las puertas adinteladas hasta la gran barroquización de las torres y espadaña. Se estructura como si fuese un gran retablo dividido en dos cuerpos y tres calles, individualizadas por columnas de orden gigante. Se remata con las imponentes torres que flanquean la espadaña con el relieve de la Venida del Espíritu Santo.
En el primer cuerpo del templo, sobre las puertas laterales, destacan los escudos de Felipe III y Margarita de Austria. La hornacina central, situada sobre la puerta principal, acoge una escultura de San Ignacio de Loyola.
LA CÚPULA
La cúpula, de planta octogonal y con más de 50 m. de altura, es uno de los elementos más impresionantes del conjunto. Sin embargo, desde el punto de vista técnico, presenta ciertas deficiencias por lo que ha tenido que ser restaurada en varias ocasiones, especialmente tras el terremoto de Lisboa de 1755, cuyos efectos le provocaron grietas y desplomes .
PORTADA DEL COLEGIO
Jerónimo García de Quiñones fue el encargado de completar la portada del colegio tras la expulsión de los jesuitas, momento en el que el edificio pasó a ser Seminario Conciliar.
La portada se eleva sobre el nivel de la calle y su acceso se realiza a través de una escalinata de doble tiro. Su estructura sigue el modelo de fachada-retablo, articulada en dos cuerpos separados por un robusto entablamento. En la parte inferior, dos estilizadas semicolumnas enmarcan el conjunto, mientras que sobre la puerta destaca el escudo del obispo Beltrán, acompañado de una inscripción que señala la fecha de su construcción. En el segundo cuerpo, sobre la ventana central, se encuentra el escudo de Carlos III.
LA IGLESIA
La construcción de la iglesia comenzó el año 1617 y fue consagrada en 1665. Sigue la tipología jesuítica de una nave con capillas laterales, comunicadas entre sí mediante puertas adinteladas. Sobre las capillas están las tribunas, abiertas a la iglesia mediante puertas con balcones. Fue diseñada y construida hasta el nacimiento de las bóvedas por Juan Gómez de Mora, y es aquí donde mejor se aprecia la influencia del Escorial. Sobre el crucero se alza la enorme cúpula, cuyas pechinas lucen esculpidos los escudos de Felipe III.
En el interior de la iglesia se decoró con 10 retablos, destacando sobre todos el del altar mayor. Fue realizado por Juan Fernández entre 1673 y 1675 en un estilo prechurrigueresco. Tiene 22 metros de altura y su cuerpo central lo recorren enormes columnas salomónicas. En la calle central destacan el altorrelieve de la Venida del Espíritu Santo, flanqueado por las estatuas de los Padres de la Iglesia Occidental. El ático lo preside el relieve de la Virgen inspirando los Ejercicios Espirituales a San Ignacio. Los retablos del crucero fueron consagrados a S. Francisco Javier y a San Ignacio de Loyola. Cada una de las siete capillas laterales se decora con grandes retablos barrocos con distintas advocaciones. Destacando los dedicados a Santa Catalina de Alejandría, a la Visitación de la Virgen a su prima Santa Isabel y a Santiago.
En esta iglesia tienen su sede dos Hermandades Penitenciales que participan en la Semana Santa salmantina:
• La Hermandad Universitaria del Santísimo Cristo de la Luz y Ntra. Sra. Madre de la Sabiduría. Fundada en 1948.
• La Hermandad de N.P. Jesús Flagelado y Nuestra Señora de las Lágrimas. Fundada en 1948.
El Flagelado es una magnífica obra de Luis Salvador Carmona (1760). Fue realizado para el retablo de la sacristía, que hoy tiene uso académico, por lo que se ha colocado en la iglesia, sobre el altar del retablo de Santa Catalina.
PLANTA NOBLE DEL CLAUSTRO
Las galerías interiores de la planta noble del claustro están cubiertas por bóvedas de cañón con lunetos. Sobre las puertas de los ángulos destacan lienzos con retratos de cardenales y obispos de la Compañía de Jesús.
Los muros de las galerías están decorados con 28 lienzos que narran la vida de San Ignacio de Loyola. Fueron realizados en Roma, en el taller de Sebastián Conca, a mediados del siglo XVIII.
AULA MAGNA
En la galería oeste del claustro, junto a la escalera principal, se abre el General de Teología, hoy Paraninfo de la Universidad Pontificia. El general de teología fue terminado en 1746 por A. García de Quiñones.
Es una amplia sala de forma rectangular, cuya bóveda está ricamente ornamentada con yeserías y estucos entre los que se entremezclan figuras alegóricas e inscripciones en latín. En lo alto de la bóveda están representados los cuatro Doctores de la Iglesia Latina, intercalados con los escudos de Felipe III y Margarita de Austria. En los grandes lunetos de los testeros se representa al P. Diego Lainez exponiendo una de sus lecciones magistrales ante el Concilio de Trento y a la Sabiduría y a San Ignacio enviando a sus hijos a enseñar todas las ciencias.
ESCALERA PRINCIPAL
En el ala oeste se sitúa la escalera principal que comunica las distintas plantas del claustro. Se debe también a Andrés García de Quiñones y está cubierta por una bóveda de paños cuajados de estucos con escudos policromados de los fundadores. Es una espectacular escalera volada de nueve tramos. El precedente de esta escalera se encuentra en la que Rodrigo Gil de Hontañón realizó para el convento dominico de San Esteban a mediados del siglo XVI.
CLAUSTRO DE LOS ESTUDIOS
El Colegio alberga un monumental claustro barroco de tres pisos, obra de Andrés García de Quiñones. Su estructura se compone de tres cuerpos, los dos primeros recorridos por columnas de orden gigante similares a las de la fachada. Sólo en el nivel inferior las galerías tienen arcos abiertos al patio. La planta noble tiene balcones con puertas coronados por óculos apaisados. Es en este cuerpo donde se concentra la decoración, destacando dos escudos del rey Felipe V en cada lado.
Cada año, cuando acaba el curso, este claustro sirve de marco incomparable para la foto de los jóvenes que se graduan en las facultades que tienen su sede en este edifico.