MIRADOR DE MONTERREY
1 horaEl Mirador de Monterrey forma parte de la Ruta de los Miradores de Salamanca. Se sitúa en la torre oriental del Palacio de Monterrey y su acceso se integra en el recorrido por este emblemático edificio. Desde hace casi quinientos años, esta atalaya ofrece una vista privilegiada sobre el corazón de la ciudad. Fue concebida como símbolo del poder y la nobleza de la familia Fonseca, condes de Monterrey, cuyos escudos campean en las esquinas de las torres.
Ante el visitante se despliega un panorama espectacular: el Torreón de las Úrsulas, la iglesia de la Purísima, el campanario de San Benito y el antiguo Colegio Real de la Compañía de Jesuitas, hoy sede de la Universidad Pontificia y de la Iglesia de La Clerecía. Desde este punto también pueden admirarse con todo detalle las cresterías y chimeneas que coronan el palacio.
A finales del siglo XVII, el palacio pasó a formar parte del patrimonio de la Casa de Alba. La elegante decoración plateresca que adorna sus torres —con escudos, medallones y grutescos— junto a la galería y la crestería calada que corona el edificio dotan al edificio de extraordinaria belleza e impacto visual.
En su interior se conservan valiosas colecciones de arte, con obras de maestros como José de Ribera o Claudio Coello. El año 2018 el edificio abrió sus puertas al público, convirtiéndose en un destacado atractivo turístico de la ciudad, y en el 2025 se integró en la Ruta de los Miradores de Salamanca.
El torreón del Palacio de Monterrey se alza como una auténtica atalaya sobre Salamanca y constituye uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad. Su silueta, presente en el horizonte urbano desde hace casi cinco siglos, se integra en el conjunto monumental que otorga a Salamanca su carácter único.
Desde esta torre se aprecian algunos de los elementos más destacados del palacio: las cresterías, verdaderas filigranas talladas en piedra, y las chimeneas, adornadas con los escudos de la Casa de Monterrey sostenidos por figuras y seres fantásticos. Contemplar estos detalles de cerca es un privilegio, pues solo a esta distancia se revela toda su riqueza ornamental.
El mirador ofrece además unas vistas incomparables de la ciudad histórica. Hacia la Plaza de las Agustinas se distinguen el Convento de las Agustinas y La iglesia de la Purísima, concebida en el siglo XVII como capilla funeraria por el VI conde de Monterrey. Tras ellos se levanta imponente el antiguo Colegio Real de la Compañía de Jesús, hoy Universidad Pontificia y, a su izquierda, la torre de la Iglesia de San Benito, también vinculada a la familia Fonseca. Incluso la Catedral se deja ver tímidamente, con un arbotante y un fragmento de torre que asoman en la lejanía.
La Plaza de Monterrey se abre a los pies de la torre, presidida por la escultura que la ciudad dedicó al Príncipe Juan, único hijo varón de los Reyes Católicos, con motivo del quinto centenario de su muerte. La pieza, creada por el escultor Agustín Casillas, se inspira en la figura del célebre Doncel de Sigüenza.
En dirección norte se alza el ábside gótico del Convento de la Anunciación, conocido popularmente como Las Úrsulas. Desde este punto también se distingue la casa en la que Don Miguel de Unamuno vivió sus últimos años y donde falleció, y desde cuyo balcón contemplaba, con profunda admiración, la silueta del torreón de Monterrey. Cautivado por su presencia, el escritor lo dibujó y le dedicó un poema cuya primera estrofa evoca la poderosa carga simbólica de esta singular construcción.
Torre de Monterrey, cuadrada torre, que miras desfilar hombres y días, tú me hablas del pasado y del futuro Renacimiento.