RETABLO BARROCO CAPILLA CRISTO DE LAS BATALLAS
30 minutosLa capilla central de la cabecera de la Catedral Nueva de Salamanca está dedicada al Cristo de las Batallas y alberga un destacado retablo barroco realizado por Alberto de Churriguera, donado en 1733 por el obispo José Sancho Granado.
En su hornacina central se venera el Cristo de las Batallas, un crucifijo de estilo románico-bizantino que, según la tradición, perteneció al Cid Campeador. La imagen habría sido traída a Salamanca por Jerónimo de Perigord, capellán del Cid y más tarde obispo de la diócesis tras su restauración en 1102. Desde 1744, sus restos reposan en un túmulo funerario situado junto al retablo.
El conjunto se organiza en tres niveles: predela, cuerpo central y ático. En el eje principal se abre la hornacina del Crucificado, cuyo fondo muestra los relieves del sol y la luna. Este espacio se enmarca con una orla de nubes y querubines —algunos con los instrumentos de la Pasión— y queda flanqueado por cuatro columnas profusamente decoradas con rocalla. En el ático, dos ángeles sostienen la lanza y la esponja, mientras que en el centro se dispone la paloma del Espíritu Santo rodeada por una gloria de ángeles.
Este retablo se ha incluido en la ruta de la Constelación de retablos barrocos de Salamanca, ruta que invita a descubrir el esplendor del arte barroco a través de algunos de los retablos más destacados de la ciudad.
A la muerte del Cid y tras la pérdida de Valencia, Jerónimo fue designado Obispo de Salamanca por los Condes Raimundo de Borgoña y doña Urraca, hija del rey Alfonso VI. En su traslado a la ciudad, el obispo llevó consigo la imagen del Cristo de las Batallas, junto con varios documentos de donación firmados por el propio Cid y por Doña Jimena. Tras su fallecimiento, Jerónimo de Perigord fue sepultado en una capilla situada en la nave de la Epístola de la Catedral Vieja, cuyo retablo estaba presidido por la imagen del Cristo de las Batallas.
A comienzos del siglo XVII, la devoción hacia esta imagen experimentó un notable resurgimiento, motivado por una serie de relatos milagrosos atribuidos a su intercesión. Dieciocho de estos milagros fueron representados en una pintura mural que aún decora el muro de la nave del Evangelio de la Catedral Vieja, frente al lugar donde se ubicaba el altar original del Cristo. En ese periodo se realizó un nuevo retablo para la capilla que albergara la imagen en el viejo templo.
Con la finalización de las obras de la Catedral Nueva de Salamanca, se reservó la capilla central de la cabecera para el Cristo de las Batallas. Para este espacio se encargó un magnífico retablo de estilo churrigueresco, financiado por el obispo Sancho Granado y ejecutado por Alberto de Churriguera. La imagen fue trasladada desde la Catedral Vieja en el año 1734.
El Cristo de las Batallas fue restaurado entre los años 2009 a 2012. Se eliminaron entonces las numerosas capas de pintura que ocultaban su policromía original que le daba su característico color negro. La figura que actualmente acoge la hornacina del retablo es una copia realizada en los talleres donde se llevó a cabo la restauración. El original se conserva en una urna de metacrilato situada sobre el altar, delante del retablo. Existen además dos réplicas adicionales: una en la capilla de San Clemente y otra en la Capilla Mayor de la Catedral Nueva.
El retablo del Cristo de las Batallas ocupa el muro oriental de la capilla central del testero de la Catedral Nueva. Su arco se ajusta a la forma y medidas del arcosolio que lo cobija.
La estructura del retablo está constituida por una predela, un gran cuerpo central y su correspondiente remate o ático. La hornacina donde se ubica la imagen del crucificado tiene forma cruciforme. En su fondo se han tallado los relieves del sol y la luna. Una orla de nubes y querubines, algunos de los cuales muestran instrumentos de la pasión, rodea la hornacina. Cuatro columnas con el fuste completamente decorado de exuberante rocalla la flanquean. Cuatro gradas, en las que se ha querido ver influencia de los retablos portugueses, conducen la atención hacia la imagen del Cristo. En el ático, dos ángeles mancebos, con la lanza y la esponja, cabalgan sobre dos volutas colocadas a peso sobre las columnas. En el medio, la paloma del Espíritu Santo rodeada de una gloria de ángeles.
La imagen que hoy vemos en el interior de la hornacina es una copia. El original se muestra dentro de una urna de metacrilato situada sobre el altar. Se trata de un crucifijo de estilo románico-bizantino que perteneció al Cid Campeador. Lo trajo a Salamanca Jerónimo de Perigord, capellán del Cid, que fue nombrado obispo de Salamanca tras la restitución de la Diócesis el año 1102. La imagen, de apenas 76 cm de altura, presenta cuatro clavos y una expresión rígida y solemne. Porta corona real y lleva faldellín que cae hasta las rodillas, siguiendo el modelo bizantino del Cristo en Majestad. Tanto la Cruz como la peana -de madera negra con sobrepuestos de plata- son creaciones del siglo XVII.
Las múltiples muestras de devoción que se fueron dando a lo largo de los siglos a la venerada imagen del Cristo de las Batallas tuvieron como lado negativo un progresivo deterioro de la imagen. Traslados, procesiones, velas encendidas y repintes fueron trasformando su aspecto originario, hoy recuperado gracias a la restauración realizada entre los años 2009-2012.
Los restos del obispo Don Jerónimo siguieron los pasos Cristo de las Batallas. Fueron trasladados desde el sarcófago que ocupaba en la Catedral Vieja en 1744 y colocados en una hornacina junto al retablo. Se trata de un túmulo de mármol, con la urna en forma de concha, cubierta con adornos de hojarasca y rematada con tres genios en la cúspide.