SALA DE EXPOSICIONES DE SANTO DOMINGO DE LA CRUZ
45 minutosLa Sala de Exposiciones Santo Domingo de la Cruz abrió sus puertas en 2002, tras la rehabilitación del antiguo Colegio de Santo Domingo de la Cruz. Este colegio, fundado en el siglo XVI por los Duques de Béjar, formaba parte del Convento de los Dominicos y otorgaba prioridad de ingreso a estudiantes procedentes de Andalucía.
El edificio acoge exposiciones temporales del escultor salmantino Venancio Blanco. En los jardines que rodean a la sala de exposiciones, se muestra una colección permanente de obras del artista, entre las que destacan las esculturas de toros y toreros, además de obras de carácter religioso, comoLa Última Cena o El Cristo que retorna al Padre.
Además de su valor estético, los jardines tienen una importante función cultural. Durante los meses de verano se convierten en escenario de conciertos, espectáculos y actividades al aire libre, integrados en la programación cultural de la ciudad.
En conjunto, los jardines de Santo Domingo de la Cruz ofrecen una experiencia singular: un espacio donde pasear entre esculturas, disfrutar de la naturaleza y contemplar el patrimonio histórico de Salamanca en un ambiente sereno y evocador.
Precio visita libre
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El siglo XVI fue la época dorada del Estudio de San Esteban. El éxito de la Escuela de Salamanca convirtió a San Esteban en un foco de atracción para estudiantes de otras provincias. Los dominicos, aparte del Estudio General, contaron con dos colegios adscritos al convento, lo que refleja el impulso que las órdenes religiosas dieron a la educación en aquella época.
El primero de ellos fue el Colegio de San Cayetano, fundado en 1515, del que no se tiene constancia de que contara con un edificio propio independiente del convento. El otro fue el de Santo Domingo de la Cruz, que funcionó desde 1535 hasta aproximadamente 1551 con su propio edificio. Fue fundado por los Duques de Béjar y fray Domingo de Baltanás, fraile dominico. Se dedicó a Santo Domingo y a la devoción a la Santa Cruz. Sin olvidar que en la denominación del colegio pudo influir su proximidad al Monte Olivetti, donde una cruz de piedra recordaba el milagro acaecido en este lugar durante la predicación de San Vicente Ferrer.
El colegio acogió a tan solo ocho alumnos de los quince previstos, y funcionó como institución educativa apenas dieciséis años, entre 1535 y 1551. Las dificultades económicas forzaron su cierre. Desde 1714 se utilizó como panera, momento en el que se cegó la puerta principal. El espacio exterior se dedicó a huerto para el mantenimiento del convento, que contaba con noria y pozo.
Con la concesión del título de Ciudad Europea de la Cultura a Salamanca el año 2002, el edificio y los jardines circundantes se rehabilitaron para convertirlo en sala de exposiciones. La sala se inauguró en enero de 2002 con la exposición Auguste Rodin, escultor. Los arrepentimientos de Rodin: dibujo y fotografía”, de la que también fueron sedes el patio de las Escuelas Menores y la Plaza Mayor. Ese mismo año acogió la exposicionEl asombro en la mirada. Cien años de fotografía en Castilla y León (1839-1939.
En 2014 el Ayuntamiento de Salamanca, la Fundación Mapfre y la Fundación Venancio Blanco firmaron un convenio de colaboración para que la Sala de Exposiciones de Santo Domingo acogiese la obra de Venancio Blanco. Por este convenio el edificio pasa a ser sede de la Fundación Venancio Blanco que aporta la colección de obras artísticas que gestiona, que incluye miles de dibujos, piezas de bronce y otras piezas realizadas con distintas técnicas por el escultor salmantino, así como otras obras de arte de distintos autores contemporáneos.
La estructura del Colegio de Santo Domingo no sigue el modelo claustral de la arquitectura colegial de la época, ni siquiera contó con capilla o biblioteca propias. Era un edificio humilde, que combinaba las funciones de residencia y centro de estudios. Para el resto de sus necesidades contaría con las propias instalaciones del Convento de San Esteban, lo que haría innecesaria la edificación de una capilla exenta.
El edificio presenta una estructura sencilla, de planta rectangular y con cubierta a doble vertiente. La variación en el aparejo de los muros sugiere que su construcción se llevó a cabo en dos fases. Su fachada principal mira a poniente. La puerta principal, descentrada respecto a la fachada, está enmarcada por un alfiz. En las enjutas del arco destacan los escudos con los apellidos de los Duques de Béjar, Zúñiga y Sotomayor, mientras que una inscripción, hoy muy desgastada, anuncia el nombre del colegio: COLLEGIUM S. DNICI.
El interior se estructura en tres naves separadas por arquerías de piedra que sostienen la techumbre de madera y apean en robustas columnas, creando un espacio diáfano que seguramente estuvo dividido en varias dependencias.
Los Jardines de Santo Domingo de la Cruz, situados junto a la Sala de Exposiciones constituyen uno de los rincones más tranquilos y sugerentes del casco histórico de Salamanca. Se trata de un espacio ajardinado de carácter íntimo y recogido, concebido no solo como zona verde, sino como un lugar donde se integran arte, naturaleza y patrimonio. Sus senderos, pensados para el paseo pausado, recorren un entorno cuidado en el que la vegetación se combina con esculturas de Venancio Blanco, creando un diálogo continuo entre paisaje y creación artística.
El jardín funciona también como un pequeño mirador desde el que se pueden contemplar vistas del perfil monumental de la ciudad, lo que añade un atractivo paisajístico a la visita. Su ambiente, generalmente silencioso y poco masificado, invita a la contemplación y al descanso, alejándose del bullicio de otras zonas más transitadas.
La muestra instalada en los jardines de Santo Domingo reúne una cuidada selección de obras elegidas por el propio Venancio Blanco, que permite recorrer las principales líneas de su creación artística. Entre ellas destacan piezas de temática religiosa como La última cena y Cristo que retorna al Padre, junto a la figura del Ángel, en las que se manifiesta con claridad su profunda espiritualidad.
A estas se suman esculturas de inspiración clásica, como las dos figuras de guerreros helenísticos de Riace, realizadas mediante la técnica de la cera perdida, que evidencian su dominio técnico y su interés por la tradición escultórica. La exposición incluye también obras de carácter más simbólico y evocador, como Cisne, Mujer del espejo o Sinfonía, en las que el artista explora formas más libres y poéticas.
Especial protagonismo adquieren las composiciones relacionadas con la tauromaquia —toreros, caballos y toros—, que reflejan el fuerte vínculo de Venancio Blanco con el Campo Charro salmantino, paisaje que marcó profundamente su vida y su obra. Completa el conjunto la figura de Isabel la Católica, que introduce una dimensión histórica dentro del recorrido.
En su conjunto, el paseo por el jardín se convierte en una experiencia artística al aire libre, donde conviven armónicamente lo religioso, lo clásico y lo popular, ofreciendo una visión rica y completa del universo creativo del escultor.