ESCULTURA DEL LAZARILLO DE TORMES
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Junto al Puente Romano y al Verraco vetón se encuentra la escultura dedicado al Lazarillo de Tormes. La escultura rinde homenaje a uno de los personajes más icónicos de la literatura española. Realizada en bronce por el escultor salmantino Agustín Casillas, fue inaugurada en 1974. Sobre un pedestal de hormigón se alzan las dos figuras más representativas de la obra. Su ubicación no es casual, pues se supone que la escultura se sitúa cerca del lugar donde el astuto ciego propinó el célebre 'calabazazo' a Lázaro.
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El grupo escultórico El Lazarillo de Tormes, obra del escultor Agustín Casillas, fue un encargo del entonces alcalde de Salamanca, Pablo Beltrán de Heredia. En una exposición de Casillas, el alcalde descubrió esta obra en pequeño formato y decidió encargar una réplica en bronce para embellecer la ciudad.
La idea de hacer esta escultura surgió de una conversación entre Agustín Casillas y el poeta, y catedrático de arte de la Universidad de Salamanca, Rafael Laínez Alcalá. A punto de jubilarse y marcharse de Salamanca, Laínez le dice a su amigo que él se había sentido lazarillo en Salamanca cuando guiaba a sus alumnos por la ciudad. Le pide que ilustre con un dibujo el poema “Yo he sido Lazarillo en Salamanca”. Casillas no sólo le complació elaborando el dibujo solicitado sino que realizó también una escultura en barro que sería el germen de la primera y probablemente más emblemática de las quince esculturas urbanas que realizó para la ciudad.
Se inauguró en las ferias de septiembre del año 1974; con convite incluido a la ciudadanía a base de el típico limón serrano acompañado de vino. Se ubicó entonces a la derecha del puente, donde estuvo expuesta 18 años. A principios de los años noventa, después de la remodelación de la margen derecha del río, se colocó en su emplazamiento actual sobre un pedestal de hormigón.
La idea de hacer esta escultura surgió de una conversación entre Agustín Casillas y el poeta, y catedrático de arte de la Universidad de Salamanca, Rafael Laínez Alcalá. A punto de jubilarse y marcharse de Salamanca, Laínez le dice a su amigo que él se había sentido lazarillo en Salamanca cuando guiaba a sus alumnos por la ciudad. Le pide que ilustre con un dibujo el poema “Yo he sido Lazarillo en Salamanca”. Casillas no sólo le complació elaborando el dibujo solicitado sino que realizó también una escultura en barro que sería el germen de la primera y probablemente más emblemática de las quince esculturas urbanas que realizó para la ciudad.
Se inauguró en las ferias de septiembre del año 1974; con convite incluido a la ciudadanía a base de el típico limón serrano acompañado de vino. Se ubicó entonces a la derecha del puente, donde estuvo expuesta 18 años. A principios de los años noventa, después de la remodelación de la margen derecha del río, se colocó en su emplazamiento actual sobre un pedestal de hormigón.
La escultura muestra al joven Lázaro guiando al ciego. El artista retrata al ciego como un anciano, destacando su condición de invidente a través de las cuencas vacías de sus ojos y el bastón que sostiene firmemente con su mano derecha. Con la mano izquierda descansando sobre el hombro de su guía, parece entablar una conversación con él. Es posible que Lázaro esté avisando al ciego sobre la proximidad del toro del puente, mientras que el ciego, por su parte, esté planeando la primera lección para su joven criado. El instante está lleno de simbolismo, reflejando el contraste entre la viveza del niño y la experiencia, acompañada de cierta astucia, del adulto.
La escultura destaca por su realismo, consiguiendo captar la urgencia que tienen los protagonistas por salir de la ciudad y su condición de indigentes. Los pliegues de su vestimenta, la capa raída del ciego y la extrema delgadez de ambos delatan su miserable existencia. Se trata, sin lugar a dudas, de una de las grandes creaciones de Agustín Casillas.
Sobre un pedestal cercano puede observarse la inscripción: "SALAMANCA A LAZARILLO MCMLXXIV". Asimismo, una placa metálica indica que en el año 2024 se rindió homenaje a Agustín Casilla, con motivo del cincuentenario de la inauguración de la obra.
La escultura destaca por su realismo, consiguiendo captar la urgencia que tienen los protagonistas por salir de la ciudad y su condición de indigentes. Los pliegues de su vestimenta, la capa raída del ciego y la extrema delgadez de ambos delatan su miserable existencia. Se trata, sin lugar a dudas, de una de las grandes creaciones de Agustín Casillas.
Sobre un pedestal cercano puede observarse la inscripción: "SALAMANCA A LAZARILLO MCMLXXIV". Asimismo, una placa metálica indica que en el año 2024 se rindió homenaje a Agustín Casilla, con motivo del cincuentenario de la inauguración de la obra.