PARQUE ARQUEOLÓGICO DEL BOTÁNICO
1 horaLa historia del lugar, sin embargo, también está marcada por la desaparición. La Guerra de la Independencia y la Desamortización supusieron la destrucción de estos grandes edificios, dando paso a una ocupación mucho más modesta del terreno, con viviendas humildes, talleres e incluso una fábrica de electricidad. En el siglo XX, el espacio terminó transformándose en las pistas de atletismo de la Universidad de Salamanca.
El impulso definitivo llegó con las obras para una nueva biblioteca universitaria, que sacaron a la luz los restos del Colegio Mayor de Cuenca y del Convento de San Agustín, hoy conservados y visitables. Este último fue, entre los siglos XVI y XVIII, la principal casa de estudios agustiniana de España, un centro de gran prestigio en el que profesaron figuras de enorme relevancia como San Juan de Sahagún, fray Luis de León o Santo Tomás de Villanueva.
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A principios del siglo XXI la Universidad de Salamanca proyectó construir en el espacio ocupado por las pistas de atletismo del Botánico una biblioteca universitaria. Las excavaciones realizadas en el solar sacaron a la luz los restos de dos de los edificios más relevantes de la historia salmantina: el Convento de San Agustín y el Colegio Mayor de Cuenca. Ambos inmuebles estaban separados por la Calle de San Pedro o de Cuenca, cuyos restos empedrados pueden contemplarse hoy durante la visita. Esta vía fue una de las arterias principales de la ciudad medieval y articulaba el barrio de la judería, que dio nombre a la calle en aquel periodo. Tras la desaparición de la comunidad judía, pasó a denominarse Calle de San Pedro y, posteriormente, de Cuenca.
Convento de San Agustín La presencia de la Orden Agustina en Salamanca se remonta a la Edad Media. Los agustinos se establecieron en el barrio de la judería y, entre los siglos XII y XIV, fueron adquiriendo numerosas propiedades. En 1377, el obispo les cedió la parroquia de San Pedro, una antigua iglesia románica que se convirtió en el núcleo del futuro convento, cuya construcción inició Juan de Álava en 1516.
El edificio sufrió diversas reformas y varios incendios que destruyeron su célebre biblioteca. Entre los siglos XVI y XVIII, el convento se consolidó como la principal casa agustiniana de estudios en España: allí profesaron o enseñaron figuras tan destacadas como San Juan de Sahagún, Santo Tomás de Villanueva o fray Luis de León. Su prestigio hizo que fuese conocido como “casa de sabios y casa de santos”. Además, contó con un colegio universitario propio, el de San Guillermo, orientado a la formación de misioneros destinados a las Indias.
Tras su ruina a manos del ejército francés, los agustinos regresaron en 1815 con intención de restaurarlo, pero la desamortización de 1835 les obligó a abandonarlo definitivamente. Los restos visibles hoy corresponden al sector noroccidental del convento, apenas una cuarta parte de los 10.000 m² que llegó a ocupar; otra parte quedó afectada por la construcción del aparcamiento de la Universidad y el resto permanece bajo la calle Balmes.
Colegio Mayor de Cuenca La construcción del Colegio Mayor de Cuenca comenzó en 1527 por iniciativa de Diego Ramírez de Villaescusa, obispo de Cuenca y antiguo estudiante de la Universidad de Salamanca. Cuenca fue uno de los seis Colegios Mayores existentes en España, cuatro de ellos situados en Salamanca. Al igual que en el caso del convento agustino, el proyecto fue obra del prestigioso arquitecto Juan de Álava, y en su ejecución —que se prolongó hasta el siglo XVIII— participaron destacados maestros del Barroco, como Alberto de Churriguera o Andrés García de Quiñones.
La construcción del colegio implicó una compleja y prolongada operación urbanística que supuso la compra y demolición de al menos 36 casas, entre ellas una sinagoga. El edificio tenía planta cuadrangular organizada en torno a un claustro porticado, y las dependencias principales —capilla, sacristía, aula general y archivo— se situaban en la fachada norte, orientada hacia la Universidad.
Tras la supresión de los Colegios Mayores en 1798, el Colegio de Cuenca pasó a manos de la Universidad de Salamanca, que proyectó diversos usos para el edificio, entre ellos el de Jardín Botánico, aunque nunca llegó a materializarse. Durante la Guerra de la Independencia, bajo la ocupación francesa, el edificio fue utilizado como cuartel y finalmente demolido en 1812 por motivos estratégicos y para reutilizar su piedra en obras defensivas.
Desde entonces, el solar acogió distintos usos —viviendas, talleres, la segunda fábrica de electricidad de Salamanca — hasta que, en la segunda mitad del siglo XX, la Universidad construyó en él unas pistas deportivas que se mantuvieron en uso hasta finales del siglo.
Las excavaciones arqueológicas realizadas en 2001, en el marco de un proyecto —finalmente no ejecutado— para construir una gran biblioteca de Humanidades de la Universidad de Salamanca, permitieron recuperar los restos que hoy pueden visitarse. Su puesta en valor ha sido posible gracias a la colaboración entre el Ayuntamiento de Salamanca y la Universidad, que han unido esfuerzos para acercar a la ciudadanía este valioso fragmento de la historia de la ciudad.
A lo largo del itinerario existe señalización con información con información que permite interpretar los restos arqueológicos conservados:
EL MIRADOR Se recomienda iniciar la visita en el Mirador, cuya posición elevada permite obtener una panorámica completa del yacimiento. Desde este punto se distinguen los restos de dos edificios de enorme valor histórico, olvidados tras su destrucción en el siglo XIX: el Convento de San Agustín y el Colegio Mayor de Cuenca. Ambos siguieron trayectorias paralelas: comenzaron a construirse en el siglo XVI, alcanzaron gran relevancia como centros religiosos y académicos, y fueron saqueados y destruidos por el ejército francés durante la Guerra de la Independencia. Entre ambos discurría la calle de San Pedro, una vía de gran importancia desde época medieval que desapareció con las transformaciones urbanísticas posteriores.
EL ARCO DE LA ERMITA DE SAN GREGORIO Junto al acceso al Parque Arqueológico pueden verse los restos del arco de entrada a la antigua ermita de San Gregorio, que estaba situada en la calle del mismo nombre, en las proximidades del Puente Romano. Fueron trasladados aquí en 1991 e integrados en un arco de triunfo construido en hormigón.
COLEGIO DE CUENCA El recorrido por el interior del parque nos conduce, en primer lugar, a las dependencias del Colegio Mayor de Cuenca. Lo conservado representa apenas una cuarta parte del complejo original, que llegó a ocupar unos 8.400 m² en el espacio comprendido entre la Calle de San Pedro y la Vaguada de la Palma. Zonas esenciales, como el claustro, permanecen aún sin excavar.
• El Bosque El Colegio contaba con un jardín situado al suroeste del claustro. En este espacio se halló una estructura que parece corresponder al sumidero general del edificio, reutilizado tras la destrucción del colegio para canalizar las aguas residuales del barrio hacia la esgueva que discurría por la Vaguada de la Palma.
• El claustro Aunque no ha sido excavado, se sabe que fue una auténtica obra maestra del renacimiento español, en cuya construcción participaron Juan de Álava y su hijo Pedro de Ivarra. Se trataba de un patio cuadrado, de dos plantas, rodeado por galerías con arcos profusamente decorados. Solo en el piso superior llegó a contar con ochenta medallones —cuarenta por cada lado de las galerías-.
• La fachada principal En el extremo norte del solar se conservan los cimientos de la fachada principal, una de las partes más suntuosas del edificio junto con la escalera monumental. Fue construida en el siglo XVIII por Andrés García de Quiñones. La portada estaba coronada por esculturas de temática culta y profana. Tras cruzar la puerta principal del colegio se accedía a las estancias más representativas: hacia el oeste la sala general, la rectoral y el archivo, y hacia la Calle de San Pedro, se encontraban la sacristía y la capilla.
• La capilla inconclusa Cuando Carlos IV decretó la supresión de los Colegios Mayores en 1798, la capilla estaba aún sin terminar por falta de fondos, por lo que nunca llegó a completarse. Sobre el terreno se ven los cimientos con la cabecera semicircular orientada hacia el este.
•La fábrica de luz A comienzos del siglo XX se construyó sobre las ruinas de la capilla la segunda fábrica de electricidad de la ciudad. Sus cimientos e instalaciones dañaron irreversiblemente la fachada principal del Colegio y la capilla, cuyos restos observamos hoy arrasados.
Calle de San Pedro o de Cuenca Ambos edificios estaban separados por la Calle de San Pedro —o de Cuenca—, cuyos restos empedrados aparecieron durante las excavaciones. Fue una de las arterias principales de la ciudad medieval y articulaba el barrio de la Judería, que dio nombre a la calle en ese periodo. Tras la expulsión de los judíos pasó a llamarse Calle de San Pedro y, más tarde, de Cuenca. Desapareció con las sucesivas reformas urbanísticas tras la destrucción del Convento de San Agustín y del Colegio Mayor de Cuenca.
Plaza de Cuenca y escalera monumental Nos encontramos en una pequeña plazuela formada por el ensanchamiento de la antigua Calle de San Pedro, junto a la tapia este del Colegio de Cuenca. Frente a este punto vemos el espacio en el que se situaba la célebre escalera monumental construida por Alberto de Churriguera, que daba acceso a las galerías superiores del claustro. Hoy solo se conservan los muros perimetrales, algunos restos de pavimentos de cantos rodados y las zapatas de los pilares que sustentaban la escalera.
Cantinas (despensas) Estas estancias pertenecían a las antiguas cantinas del colegio, a las que se accedía desde el claustro En una de las puertas se reutilizó como escalón una estela funeraria romana. Estas dependencias se utilizaban como despensas para conservar alimentos. Los zócalos de pizarra perimetrales pudieron servir para colocar estanterías o para apoyar grandes tinajas, protegiéndolos de la humedad del suelo.
Al otro lado de la calle de San Pedro nos encontramos con los restos del Convento de San Agustín.
RESTOS DEL CONVENTO DE SAN AGUSTÍN
• La Cilla En la zona sur, junto al aparcamiento, se conservan los antiguos almacenes del convento. El largo muro que vemos es el único vestigio conservado de la cilla o granero, espacio en cuyo interior nos encontramos. Las grandes aberturas en rampa permitían descargar el cereal desde el exterior. El acceso se realizaba directamente desde las cocinas, cuya escalera se sitúa a nuestra izquierda.
Un panel informativo muestra algunas piezas de vajilla halladas durante las excavaciones, entre ellas una jarra con el símbolo “IHS” y un fragmento de plato con el emblema de la Orden Agustina.
• Enfermería y casas de la judería La estancia con pavimento de baldosas de barro cocido corresponde a la antigua enfermería del convento. En los monasterios, la enfermería solía ocupar un lugar privilegiado, tanto por su ubicación como por sus condiciones higiénicas: debía ser cálida en invierno, fresca en verano y contar con ventanas y galerías abiertas al exterior para garantizar aire puro y permitir los paseos.
Bajo el suelo de esta enfermería y de las estancias posteriores aparecieron los restos de una vivienda del siglo XV, anterior a la construcción del convento. Estas casas formaban parte del barrio de la judería y eran construcciones modestas, estrechas y profundas, con el lado menor orientado a la calle principal. La variedad de oficios presentes en la judería sugiere que muchas de estas viviendas incluían también un taller y tiendas.
• Hospedería y pequeña bodega De la hospedería apenas se conservan los cimientos de los muros y las divisiones internas, así como un posible pozo que podría haber funcionado como letrina. Este espacio estaba destinado a alojar a peregrinos y visitantes del convento.
La pequeña bodega, situada bajo la rasante del edificio, se ha conservado en muy buen estado. Presenta una bóveda de medio cañón construida en ladrillo macizo y cal, y un suelo empedrado. También se conservan restos de la escalera que la comunicaba con la galería del claustro.
• Claustro El convento llegó a contar con dos claustros. Los restos visibles parecen corresponder al construido de mediados del siglo XVIII; el otro, aún sin excavar, permanece bajo la calle Balmes. El pavimento conservado muestra un rico empedrado de cantos de cuarcita y fragmentos de pizarra formando motivos geométricos, una técnica habitual desde el siglo XVI para embellecer patios y estancias nobles.
• Galería del claustro La galería occidental del claustro del convento de san Agustín presenta uno de los pavimentos más bellos y mejor conservados. El suelo se organizaba en cuatro rosetas separadas por cenefas, componiendo un diseño especialmente elaborado.
• Iglesia En 1377, el obispo de Salamanca donó a los agustinos la iglesia medieval de San Pedro. Sobre ella se levantó la nueva iglesia del convento a partir de 1516, obra del arquitecto Juan de Álava. La mayor parte de la iglesia de San Pedro permanece sin excavar bajo la calle Balmes. En el espacio musealizado vemos el atrio por el que se accedía al templo desde el convento y parte del solado de placas de arenisca y pizarra correspondientes al pavimento del coro de la iglesia.
El templo tenía una sola nave con crucero y capillas laterales, un cimborrio central y una cabecera tripartita plana. La fachada, de tres cuerpos, mostraba un gran crucifijo en el central y una portada de arcos ojivales concéntricos. En el siglo XVIII, Antonio Ponz señalaba que “pocas portadas de iglesia hay en Salamanca que merezcan más atención que esta…”.
• La Portería Las excavaciones sacaron a la luz una pequeña parte de las porterías del convento. En el empedrado puede verse el símbolo de la Orden Agustina: un corazón atravesado por dos flechas.
- Espacio Expositivo La visita concluye en el espacio que ocupaba el antiguo jardín del Colegio de Cuenca conocido como “El bosque”. Aquí un pequeño edificio cobija numerosas piezas pertenecientes al Convento de San Agustín y al Colegio de Cuenca. Destacan por su fina talla las claves de arenisca que en su día adornaron la iglesia de San Pedro.