PATIO CHICO
10 minutosEl Patio Chico es uno de los rincones más hermosos de Salamanca, un lugar desde el que la mirada abarca siglos de historia. En esta pequeña plazuela se conserva uno de los conjuntos arquitectónicos más sobresalientes de la ciudad. El ábside románico de la Catedral Vieja se integra de forma armoniosa con la fachada sur de la Catedral Nueva, creando un diálogo único entre estilos y épocas.
Destaca especialmente la Torre del Gallo, un cimborrio de influencia bizantina coronado por una veleta con forma de gallo que le da nombre. Forma parte de los llamados cimborrios del Duero, junto con los de Zamora y Toro, y es considerada una de las obras más fascinantes del arte medieval español.
Cada verano se convierte en un escenario privilegiado en el que las actuaciones teatrales y musicales congregan a multitud de espectadores.
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El origen de Salamanca se sitúa en el Cerro de San Vicente, donde se ha documentado un poblado de la Primera Edad del Hierro, ocupado entre los siglos VIII y IV a. C. A partir del siglo IV la población se trasladó al Teso de las Catedrales, donde se desarrolló el castro de Salmántica durante la Segunda Edad del Hierro. Este cerro será, desde entonces, el núcleo sobre el que evolucionará la ciudad hasta la actualidad. Sus habitantes levantaron una monumental muralla que protegía un recinto de unas 17 hectáreas. Con la llegada de Roma, Salmantica quedó integrada en la provincia de Lusitania, manteniéndose poblada hasta época visigoda.
La invasión musulmana marcó el inicio de un largo periodo de decadencia y despoblación, que no se revertiría hasta comienzos del siglo XII. Tras la conquista de Toledo en 1085, el rey Alfonso VI impulsó la repoblación de la ciudad. En este contexto se levantó la Cerca Vieja, un recinto amurallado que cerraba unas 24 hectáreas con cinco puertas principales. Dentro de él, la ciudad se organizó en colaciones -barrios vinculados a parroquias- donde convivían diversos grupos de repobladores, lo que otorgó a Salamanca una notable diversidad cultural.
Convertida en sede episcopal, a mediados del siglo XII comenzó la construcción de la Catedral Vieja. En torno a ella surgió la Plaza del Azogue, donde se celebraba el principal mercado de la ciudad. En 1218 se fundó el Estudio General del Reino de León, origen de la Universidad de Salamanca. Al carecer de sede propia, las primeras cátedras se impartieron en las capillas del claustro catedralicio. Con el crecimiento de la institución, estos espacios resultaron insuficientes y algunas enseñanzas se trasladaron a calles cercanas, ocupando edificios pertenecientes al cabildo situados en el entorno del Patio Chico: la cátedra de Leyes se encontraba en la calle del Arcediano, la de Gramática en San Vicente, la de Decretales en otras dependencias próximas. Finalmente, en 1411, el cardenal Pedro Martínez de Luna (el Papa Luna) ordenó la construcción del edificio de las Escuelas Mayores, que permitió reunir los estudios universitarios en un único espacio.
El entorno de la catedral se convirtió en residencia de clérigos, notarios e hidalgos. Junto a la Puerta de Acre, que comunicaba directamente la Catedral Vieja con el Patio Chico, instalaban sus escribanías los notarios medievales, y allí se firmaba buena parte de la documentación oficial de la ciudad.
Los antiguos edificios que rodeaban las calles del entorno del Patio Chico se mantuvieron en pie hasta bien entrado el siglo XX. Su avanzado estado de deterioro provocó que muchos fueran derribados y sustituidos por construcciones modernas o por una zonas ajardinadas.
A la sombra de las Catedrales, en pleno Barrio Antiguo, se encuentra uno de los rincones más emblemáticos de Salamanca: el Patio Chico. Este espacio, íntimamente ligado a los orígenes medievales de la ciudad, fue el punto desde el que comenzó a levantarse la Catedral Vieja, alrededor de la cual se articuló el primer núcleo urbano medieval.
El Patio Chico es un auténtico remanso de paz, apartado del bullicio del tráfico de la ciudad. Aquí, a los pies de las dos catedrales, se percibe la convivencia de dos mundos: el románico de la Catedral Vieja, y la Catedral Nueva, cuyos altos pináculos parecen querer tocar el cielo.
La Catedral Vieja destaca por sus tres ábsides románicos, impecables en su factura, con líneas de imposta decoradas con ajedrezado y bellas ventanas abocinadas. Pero la mirada se dirige inevitablemente hacia la Torre del Gallo, el cimborrio de inspiración bizantina coronado por la célebre veleta en forma de gallo, uno de los símbolos más queridos de la ciudad. A su derecha se abre una de las puertas de la Catedral Nueva, que da acceso al crucero, junto a la sacristía neoclásica.
Las calles que rodean este espacio evocan a figuras ligadas a la literatura y la historia salmantina. Desde el Patio Chico parte la calle del Arcediano, que conduce a uno de los jardines más bellos de la ciudad: el Huerto de Calixto y Melibea, escenario literario de La Celestina. El nombre de la calle, ya citado en la obra, procede de una vivienda medieval que existió en el solar del actual huerto y que fue demolida en 1862. Perteneció a Diego López, arcediano de Ledesma, cuyo sepulcro gótico se conserva en el crucero de la Catedral Vieja. Más tarde pasó al Cabildo y fue residencia, entre otros, del obispo Alfonso de Paradinas. En 1981 el espacio pasó a manos municipales y se convirtió en jardín público.
En la misma plazoleta de acceso al huerto se encuentra la Casa de la Calera, hoy reconvertida en albergue para peregrinos del Camino de Santiago.
Regresando sobre nuestros pasos, desde la Plaza de los Leones se obtiene una de las mejores panorámicas del conjunto catedralicio. Ante nosotros se despliegan siglos de historia: los ábsides románicos de la Catedral Vieja, la Torre del Gallo, la torre campanario con su cúpula barroca y, a la derecha, la imponente Catedral Nueva, coronada por su cúpula neoclásica, que sustituyó a la barroca diseñada por Joaquín de Churriguera tras los daños causados por el Terremoto de Lisboa de 1755.
Callejeando encontramos las calles de San Vicente Ferrer —el célebre predicador dominico que pasó por Salamanca en 1412— y la de Doyagüe, dedicada al compositor salmantino Manuel José Doyagüe, una de las figuras musicales más destacadas del siglo XVIII. Fue catedrático de Música de la Universidad, maestro de la Capilla de Música de la Catedral y recibió del rey el título honorífico de Maestro del Real Conservatorio de Música. Su sepulcro se encuentra en la capilla de Santa Catalina de la Catedral Vieja.
Muy cerca, en la cuesta de Carvajal —antiguamente llamada de Buenaventura— se sitúa la famosa Cueva de Salamanca, antigua cripta de la iglesia románica de San Cipriano, donde la tradición y la literatura situaron la leyenda del lugar en el que el diablo impartía clases de nigromancia.