RETABLO BARROCO DE LA CLERECÍA
30 minutos
La Iglesia de la Clerecía forma parte de lo que fue el Colegio Real de la Compañía de Jesús en Salamanca. Dedicada al Espíritu Santo por deseo expreso de la reina Margarita de Austria, mudó su nombre por el de Iglesia de la Clerecía al pasar a depender de la Real Clerecía de San Marcos tras la expulsión de los jesuitas en 1767. El interior del templo conserva un excepcional conjunto de retablos, destacando sobre todos ellos el retablo mayor. Se trata de una descomunal estructura de madera de 22 metros de altura decorado con columnas salomónicas. En su calle central destacan el gran ostensorio para la exposición del Santísimo Sacramento, el relieve de La Venida del Espíritu Santo y el de San Ignacio redactando los Ejercicios Espirituales bajo la inspiración de la Virgen María y de la Trinidad.
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Precio visita libre
- Individual - 6.00 €
- Grupos (Número mínimo: 8) - 5.00 €
El imponente conjunto formado por la iglesia de la Clerecía y la Universidad Pontificia fue, originariamente, el Colegio Real de la Compañía de Jesús dedicado al Espíritu Santo. El Real Colegio de los Jesuitas fue fundado a principios del siglo XVII por iniciativa de los reyes de España, Felipe III y Margarita de Austria. Se inició en 1617 y estuvo en construcción más de ciento cincuenta años. El resultado final fue un conjunto grandioso, considerado una obra maestra del barroco europeo.
Después de la expulsión de los jesuitas en 1767, el edificio fue dividido en tres partes. La iglesia y la sacristía fueron cedidas a la Real Clerecía de San Marcos, de donde viene su denominación actual. El ala meridional, organizada en torno al claustro de la comunidad, se cedió a los estudiantes irlandeses. Hoy ese claustro lo ocupan la biblioteca Vargas Zúñiga, aulas y despachos de la Universidad Pontificia. El colegio, estructurado en torno al claustro principal, con el General de Teología y otras dependencias pasaron a ser la sede del Seminario Conciliar. Desde 1940 el edificio es la sede principal de la Universidad Pontificia de Salamanca. Desde una perspectiva artística, la Iglesia y el Colegio son las partes más significativas de este imponente conjunto arquitectónico. Ambos espacios, junto con el recorrido por las torres de la iglesia (Scala Coeli), están abiertos a las visitas turísticas, ofreciendo a los visitantes una experiencia enriquecedora y única.
El arquitecto elegido para realizar la obra fue Juan Gómez de Mora, arquitecto real de Felipe III. Gómez de Mora diseñó los planos entre 1616-1618, sobre los que luego otros arquitectos introducirán modificaciones, iniciándose la construcción en 1617. Las obras comenzaron por la Iglesia siguiendo la tipología jesuítica de una nave con capillas laterales y crucero. Una vez acabada la iglesia y consagrada en 1665 se procedió a la decoración interior.
La iglesia se dotó con diez retablos, entre los cuales destaca el del altar mayor por sus imponentes dimensiones y extraordinaria calidad. La estructura de este retablo, una verdadera obra maestra del barroco, fue encargada en 1673 a Juan Fernández, mientras que los relieves y esculturas fueron contratados por separado con Juan Rodríguez, discípulo de Gregorio Fernández, y con Juan Peti. El magnífico dorado que cubre este retablo se completó en 1760, casi un siglo más tarde de haberse finalizado la estructura. Del mismo estilo son los retablos del crucero, dedicados a San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, respectivamente.
Para algunos autores este retablo constituye un precedente y el punto de arranque de los retablos churriguerescos y, más en concreto, del de la Iglesia del Convento de San Esteban en Salamanca, obra maestra de José de Churriguera.
Después de la expulsión de los jesuitas en 1767, el edificio fue dividido en tres partes. La iglesia y la sacristía fueron cedidas a la Real Clerecía de San Marcos, de donde viene su denominación actual. El ala meridional, organizada en torno al claustro de la comunidad, se cedió a los estudiantes irlandeses. Hoy ese claustro lo ocupan la biblioteca Vargas Zúñiga, aulas y despachos de la Universidad Pontificia. El colegio, estructurado en torno al claustro principal, con el General de Teología y otras dependencias pasaron a ser la sede del Seminario Conciliar. Desde 1940 el edificio es la sede principal de la Universidad Pontificia de Salamanca. Desde una perspectiva artística, la Iglesia y el Colegio son las partes más significativas de este imponente conjunto arquitectónico. Ambos espacios, junto con el recorrido por las torres de la iglesia (Scala Coeli), están abiertos a las visitas turísticas, ofreciendo a los visitantes una experiencia enriquecedora y única.
El arquitecto elegido para realizar la obra fue Juan Gómez de Mora, arquitecto real de Felipe III. Gómez de Mora diseñó los planos entre 1616-1618, sobre los que luego otros arquitectos introducirán modificaciones, iniciándose la construcción en 1617. Las obras comenzaron por la Iglesia siguiendo la tipología jesuítica de una nave con capillas laterales y crucero. Una vez acabada la iglesia y consagrada en 1665 se procedió a la decoración interior.
La iglesia se dotó con diez retablos, entre los cuales destaca el del altar mayor por sus imponentes dimensiones y extraordinaria calidad. La estructura de este retablo, una verdadera obra maestra del barroco, fue encargada en 1673 a Juan Fernández, mientras que los relieves y esculturas fueron contratados por separado con Juan Rodríguez, discípulo de Gregorio Fernández, y con Juan Peti. El magnífico dorado que cubre este retablo se completó en 1760, casi un siglo más tarde de haberse finalizado la estructura. Del mismo estilo son los retablos del crucero, dedicados a San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, respectivamente.
Para algunos autores este retablo constituye un precedente y el punto de arranque de los retablos churriguerescos y, más en concreto, del de la Iglesia del Convento de San Esteban en Salamanca, obra maestra de José de Churriguera.
En una iglesia, el retablo es siempre la obra de arte mueble más significativa, el eje ante el cual se celebran los ritos litúrgicos más solemnes y trascendentales. El retablo mayor de la Iglesia de la Clerecía puede clasificarse, sin temor a equivocarnos, como una obra maestra del arte de la retablística española. En cuanto a su tamaño, es el segundo más grande conservado en la ciudad, solo por detrás del que José de Churriguera construyó para la Iglesia de San Esteban. Con sus 22 metros de altura, impresiona por su monumentalidad.
La estructura consta de zócalo, cuerpo central y ático. Está asentado sobre un zócalo de mármoles y jaspes, sobre el que descansan seis grandes columnas salomónicas de orden gigante, precedente de las columnas salomónicas que después popularizarían los Churriguera. Las columnas dividen el cuerpo central en tres calles, siendo más ancha la central que las laterales. El fuste de las columnas se decora con hojas de parra y racimos de uvas, símbolos de la Eucaristía.
En las calles laterales del gran cuerpo central, dividido a su vez en dos cuerpos, se encuentran cuatro grandes esculturas que representan a los Padres de la Iglesia latina: San Gregorio Magno, San Ambrosio, San Agustín y San Jerónimo. La calle central es, a nivel simbólico, la más importante del retablo. La parte inferior se reserva para el gran expositor del Santísimo Sacramento. Se trata de un gran tabernáculo con seis columnas salomónicas que sostienen una esbelta cúpula con linterna, que evoca la cúpula de la propia iglesia. Estos grandes ostensorios se enmarcan en las directrices emanadas de Trento, de difusión y devoción al Sacramento de la Eucaristía. Sobre el tabernáculo, ocupando la parte central del retablo, se encuentra el gran relieve de Pentecostés, en relación con la advocación del templo al Espíritu Santo. Fue la Reina Margarita de Austria quién dispuso que el relieve de la Venida del Espíritu Santo se colocase en la fachada y en el retablo mayor del templo.
Un entablamento de gran volumen separa el cuerpo central del retablo del ático. En la parte central del ático, enmarcado por grandes pilastras, aparece el relieve de San Ignacio redactando las Constituciones de la Compañía inspirado por la Virgen y en presencia de la Trinidad. Está flanqueado por los escudos de Felipe III y Margarita de Austria y por los Cuatro Evangelistas sedentes que descansan sobre el entablamento.
La estructura consta de zócalo, cuerpo central y ático. Está asentado sobre un zócalo de mármoles y jaspes, sobre el que descansan seis grandes columnas salomónicas de orden gigante, precedente de las columnas salomónicas que después popularizarían los Churriguera. Las columnas dividen el cuerpo central en tres calles, siendo más ancha la central que las laterales. El fuste de las columnas se decora con hojas de parra y racimos de uvas, símbolos de la Eucaristía.
En las calles laterales del gran cuerpo central, dividido a su vez en dos cuerpos, se encuentran cuatro grandes esculturas que representan a los Padres de la Iglesia latina: San Gregorio Magno, San Ambrosio, San Agustín y San Jerónimo. La calle central es, a nivel simbólico, la más importante del retablo. La parte inferior se reserva para el gran expositor del Santísimo Sacramento. Se trata de un gran tabernáculo con seis columnas salomónicas que sostienen una esbelta cúpula con linterna, que evoca la cúpula de la propia iglesia. Estos grandes ostensorios se enmarcan en las directrices emanadas de Trento, de difusión y devoción al Sacramento de la Eucaristía. Sobre el tabernáculo, ocupando la parte central del retablo, se encuentra el gran relieve de Pentecostés, en relación con la advocación del templo al Espíritu Santo. Fue la Reina Margarita de Austria quién dispuso que el relieve de la Venida del Espíritu Santo se colocase en la fachada y en el retablo mayor del templo.
Un entablamento de gran volumen separa el cuerpo central del retablo del ático. En la parte central del ático, enmarcado por grandes pilastras, aparece el relieve de San Ignacio redactando las Constituciones de la Compañía inspirado por la Virgen y en presencia de la Trinidad. Está flanqueado por los escudos de Felipe III y Margarita de Austria y por los Cuatro Evangelistas sedentes que descansan sobre el entablamento.