RETABLO BARROCO DE LA PURÍSIMA
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El retablo objeto de nuestro estudio fue encargado en 1633 a Cosimo Fanzago para la iglesia del Convento de las Úrsulas en Salamanca, institución estrechamente vinculada a la familia Fonseca desde sus orígenes. Este monasterio había sido fundado a finales del siglo XV por el arzobispo Alonso de Fonseca II, a cuyo linaje pertenecían los Condes de Monterrey, y desde entonces funcionó como panteón funerario de la familia. El contrato suscrito entre el VI Conde de Monterrey y Fanzago especificaba que el altar debía destinarse a la Iglesia de las Úrsulas en Salamanca y ejecutarse en mármol blanco, con incrustaciones de piedras policromas. Asimismo, debía estructurarse mediante columnas y rematarse con cinco esculturas de mármol que representaran un Calvario.
Cuando el retablo ya estaba iniciado, el Conde cambió de parecer y decidió hacer una nueva fundación en donde construir su panteón funerario. Fundó entonces un nuevo convento para las Agustinas Descalzas de San Roque, que habían perdido el suyo en la Riada de San Policarpo. Las obras para el nuevo convento se iniciaron en 1636 siguiendo las trazas del arquitecto italiano Bartolomeo Picchiatti.
Monterrey quiso erigir en esta iglesia su panteón funerario, dejando para la posteridad un testimonio de su grandeza terrenal. Al mismo tiempo, deseaba manifestar su profunda devoción, compartida con su esposa, Doña Leonor de Guzmán, hacia la Inmaculada Concepción. Monterrey puso como condición para la nueva fundación que el convento cambiara su advocación de San Roque al de la Purísima Concepción.
Cuando se entra por primera en la Iglesia de la Purísima vez la mirada se dirige inmediatamente hacia el altar mayor donde destaca la Inmaculada de José de Ribera. Es llamativo el contraste que producen los altares realizados con mármoles de colores sobre los muros realizados con piedra de Villamayor. Nos encontramos ante una pinacoteca de arte italiano, con obras de Guido Reni, Lanfranco y Ribera, entre otros. Los artífices del templo consiguieron una simbiosis perfecta entre escultura, pintura y arquitectura.
ESTRUCTURA DEL RETABLO Tanto la estructura marmórea del retablo como las esculturas del Calvario que lo presiden fueron realizadas en Nápoles por el escultor Cosimo Fanzago. En un primer momento, se proyectó para la iglesia del Convento de las Úrsulas, aunque su definitiva ubicación en la iglesia de La Purísima seguramente conllevó cambios y adaptaciones al nuevo espacio.
Corresponde al modelo de altar adosado al muro. Sobre un gran zócalo, maravillosamente revestido de mármoles de colores, se eleva el gran retablo. Éste utiliza en su composición el sistema tradicional en tres calles, estando ocupada la central por el gran lienzo de la Inmaculada, mientras que las laterales se dividen en dos cuerpos cuyos espacios resultantes los ocupan también obras pictóricas. Un doble orden de columnas, con el fuste de mármol rojo y capiteles corintios en mármol blanco, articula los diversos sectores del retablo. El ático tiene un cuerpo central con frontón partido que acoge la tela de la *Piedad *de Ribera. Se decora con volutas y cabecitas de querubines a cuyos lados se distribuyen los protagonistas del Calvario; la Virgen y San Juan en el centro, la Magdalena y Santiago el Mayor en los extremos y, entre ellos, vasos con festones de flores y frutas. Sobre el ático se colocó el Cristo Crucificado de mármol blanco a cuyos lados hay dos grandes escudos de Monterrey de los que cuelgan sartas de frutos. Preside todo el conjunto, en el interior de un marco de mármol de tonos rojos, el lienzo con "Dios Padre bendiciendo", atribuida por algunos estudiosos a Lanfranco.
El frontal de altar se decora con mármoles de colores que, embutidos sobre una gran placa de mármol blanco, dibujan formas vegetales y geométricas abstractas. Cuatro espléndidos escudos de Monterrey, en relieve, destacan sobre el zócalo de mármol verde que flanquea la mesa de altar. En ellos se observa el gran dominio que el artista llegó a tener de la técnica de la intarsia. También de este mismo autor el monumental sagrario de lapislázuli, malaquita, jaspes y bronces dorados situado sobre la mesa de altar del retablo.
A cada lado del altar mayor, y en relación directa con este, están las estatuas orantes de los condes; la de Don Manuel de Zúñiga en el lado del Evangelio y la Leonor de Guzmán en la de la Epístola. Fueron realizadas en mármol de Carrara por Giuliano Finelli.
EL LIENZO DE LA INMACULADA CONCEPCION Este gran lienzo, de cinco metros de alto por tres y medio de ancho, forma parte del retablo de las Agustinas de Salamanca y fue pintado al óleo por José de Ribera en 1635. Lleva su firma: "Jusepe Ribera, español, valenciano F.1635”. En esta obra Ribera abandona el tenebrismo y hace un cuadro luminoso, dominado por maravillosos tonos dorados, símbolo de la divinidad. Es una versión de gran importancia en la iconografía inmaculista, hasta el punto de haber sido considerada la representación mariana más importante del siglo XVII.
El lienzo ocupa la calle central del retablo. Ribera adopta en esta obra la iconografía ya establecida para representar a la Inmaculada, pero rompe con el modelo estático tradicional español representado por las Inmaculadas de Zurbarán o de Velázquez. Ribera crea una Virgen en una disposición dinámica, en ascensión hacia el cielo portada por los ángeles, con sus amplios ropajes en vuelo. La Virgen se representa en edad juvenil, vestida con una túnica blanca y un manto azul, símbolos respectivamente de pureza y eternidad, coronada con las doce estrellas y con la media luna a los pies. Tiene las manos cruzadas sobre el pecho en señal de aceptación y eleva su mirada a lo alto. El Padre Eterno, situado en la parte superior izquierda, rodeado de una gloria de ángeles, extiende su mano derecha en aptitud de bendecirla y envía la paloma del Espíritu Santo, encargada de la concepción de María. La rodean angelitos portando alegorías de las letanías.
PINTURAS DE LAS CALLES LATERALES En la calle de la derecha se ubican, de arriba a abajo, el “Abrazo ante la Puerta Dorada”, símbolo de la Concepción Inmaculada de María cuando San Joaquín y Santa Ana se encuentran a las afueras de la ciudad, y San Juan Bautista, de Guido Reni. En la de la izquierda vemos el lienzo de San José y el de San Agustín y el ángel, sin que exista unanimidad respecto de la autoría de esta última, siendo para unos obra directa de Rubens mientras que para otros se trataría de una obra de taller.
LA PIEDAD La hornacina que corona el retablo acoge el lienzo de La Piedad, obra proyectada para este espacio y firmada por Ribera en 1634. La técnica tenebrista con la que ha sido realizada contrasta con la luminosidad del lienzo de la Inmaculada. En este lienzo el artista nos muestra a María doliente, enlutada, sosteniendo el cuerpo de Cristo muerto que parece deslizarse entre sus manos. El pintor ha dispuesto el cuerpo de Cristo en diagonal, las rodillas se quiebran para adaptar su figura al marco. El rostro de la Virgen y el cuerpo de Cristo resaltan sobre el fondo oscuro iluminados por una luz directa.