LADERAS DEL CERRO DE SAN VICENTE
45 minutosAsimismo, se han excavado y musealizado los restos del convento benedictino que existió en el cerro hasta mediados del siglo XIX. Las laderas han sido objeto de intervenciones arqueológicas, trabajos de ajardinamiento y mejoras de accesibilidad, convirtiéndose hoy en un parque municipal con abundante vegetación autóctona.
Hoy es un parque público que abre sus puertas en horario de mañana y tarde. A lo largo del recorrido por este espacio verde pueden apreciarse diversos elementos de interés etnográfico, como una noria, bancales de piedra y antiguos caminos. Se ha atenuado la pendiente original de los bancales para hacer un recorrido accesible y se han colocado bancos en varios puntos del recorrido.
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Tras la fundación de este segundo asentamiento, el cerro quedará deshabitado durante siglos, hasta que la Edad Media se funde en él Monasterio Benedictino de San Vicente. Debido a su carácter estratégico el monasterio y el cerro serán ocupados por las tropas napoleónicas y transformado en un fuerte militar durante la Guerra de la Independencia, lo que condujo a su destrucción durante la Batalla de Salamanca.
Tras el fin de la Guerra de la Independencia, los monjes benedictinos trataron de reconstruir lo que quedaba del edificio conventual, hasta que en 1835 abandonan totalmente sus infructuosos intentos, a lo cual contribuyeron las políticas de desamortización de los gobiernos de este periodo. Quedaron así las ruinas del insigne edificio abandonadas y expuestas al saqueo de su fábrica, por lo que en el último tercio del siglo XIX ya no se conservaba ningún resto de interés artístico. A partir de esta fecha, la zona comenzó a ser colonizada por la población que creó, sobre los escombros del monasterio y reutilizándolos en gran parte, un barrio popular de pequeñas construcciones que ha perdurado hasta hace unos años y que borró cualquier huella del urbanismo histórico.
En 1949, cuando en la plataforma superior del cerro se comenzaba a construir el Colegio mayor de Nuestra señora de Guadalupe, se descubrieron los restos del poblado protohistórico. Desde los años noventa se vienen realizando excavaciones arqueológicas que han permitido encuadrar el yacimiento en la Cultura del Soto Medinilla. La importancia de los restos aquí localizados hizo que en 1997 se redactara el Plan director del Cerro de San Vicente en el que se diferenciaron tres áreas principales de actuación: los restos arqueológicos de la Primera Edad del Hierro, los restos del Monasterio benedictino de San Vicente y las laderas recayentes hacia la Vaguada de la Palma.
Las laderas del Cerro de San Vicente formaban parte del Monasterio de San Vicente y fueron cultivadas por los monjes desde tiempos ancestrales. Tras la desamortización del siglo XIX y el abandono del espacio por parte de la comunidad monástica, las laderas fueron ocupadas por familias humildes, que mantuvieron la tradición hortícola del espacio hasta bien entrados los años ochenta del siglo pasado.
Los trabajos de acondicionamiento han documentado restos arqueológicos que abarcan todas las etapas históricas representadas en el yacimiento, desde la Edad del Hierro hasta la actualidad. La intervención realizada en el parque ha permitido recuperar el perfil histórico del cerro, devolviendo protagonismo a los bancales y a los hitos arqueológicos y etnograficos presentes en el recorrido.
En 2022 abrió sus puertas al público el Parque Botánico de las Laderas del Cerro de San Vicente. Durante los trabajos de acondicionamiento se hallaron diversos elementos etnográficos relacionados con el uso agrícola tradicional, que hoy forman parte del recorrido por sus senderos peatonales.
El parque ocupa 8.741 metros cuadrados, donde conviven restos arqueológicos y testimonios etnográficos ligados al cultivo agrícola. Su perímetro lo delimita una antigua tapia de piedra. El espacio contó con un sistema de riego compuesto por canalizaciones, una noria y una alberca, que se mantienen y han sido integrados en el recorrido por el parque. Se han plantado más de 14.000 ejemplares de especies arbustivas y 70 nuevos árboles frutales, que se suman a los ya existentes, principalmente almendros y membrillos.
El acceso principal se realiza desde la Vaguada de la Palma, donde paneles informativos introducen al visitante en la historia del lugar y lo guían a lo largo del recorrido. Las pendientes de los senderos se han suavizado para hacerlo accessible y se han colocados bancos en puntos estratégicos del recorrido. Entre los hitos más destacados se encuentran:
EL BARRIO DE LOS MILAGROS En la segunda mitad del siglo XIX, sobre las ruinas de las antiguas edificaciones monumentales que existieron en esta zona del casco histórico surgió un barrio popular conocido como Los Milagros. Familias humildes, llegadas principalmente del mundo rural, construyeron aquí sus propias viviendas aprovechando las ruinas provocadas por la guerra napoleónica y el proceso desamortizador del siglo XIX. Así nació un barrio de casas bajas y humildes, con un marcado aspecto rural que contrastaba con el entorno monumental que lo rodeaba. Era un barrio insalubre, sin ningún tipo de servicio, por el que discurría el arroyo de los Milagros que acabó dando nombre al barrio.
NORIA y ALBERCA Entre las construcciones tradicionales conservadas en la parte baja de la ladera pueden verse una noria y una alberca. Ambas estructuras ya aparecen reflejadas en los planos militares napoleónicos, realizados a principios del s. XIX, por lo que se interpretan como elementos originales del sistema de riego del monasterio que seguirá siendo utilizado hasta hace unas décadas por los habitantes del barrio. Recientemente se han instalado en el interior de la noria la rueda y maquinaria donadas por la familia Barbero, fabricadas por la empresa salmantina Metalúrgica del Tormes S.A. La maquinaria original, desaparecida hace años, era de madera; a finales del siglo XIX sus componentes fueron sustituidos por piezas de acero de fundición.
SISTEMA DE RIEGO Y PAVIMENTOS Desde época conventual los bancales de esta ladera disponían de un sistema de canales de riego reforzados con muros de piedra y grava que distribuían el agua lo alto por caída. En las excavaciones arqueológicas realizadas junto al muro sur del recinto se detectó lo que parece ser un canalillo de riego excavado en el terreno natural.
MUROS DE LOS BANCALES La ladera fue modificada a lo largo de la historia para su aprovechamiento agrícola. Se conservan tramos de muros de piedra de los antiguos bancales que contenían los taludes y permitían crear plataformas escalonadas para el cultivo. Algunos podrían remontarse a época conventual.
MURO DE LA CERCA NUEVA y MIRADOR DEL MONASTERIO DE SAN VICENTE En 1577 el monasterio adquirió al concejo los terrenos de la cima del cerro, conocidos como El Castro. Encargó al arquitecto Ribero de Rada la construcción de una casa de recreo y de un mirador sobre el Tormes. Él mirador aprovechaba como antepecho parte del trazado de la Cerca Nueva que discurría desde la Puerta Nueva bordeando el cerro hasta la Vaguada de la Palma. Ribero Rada usó como ornamento bolas herrerianas. Hoy se mantiene una de estas bolas sobre los restos del mirador.
EMPEDRADO CONVENTUAL En lo alto de la ladera se ha localizado un pavimento empedrado de cantos de cuarcita, restos de un camino que comunicaba las bodegas del monasterio con las huertas abancaladas de esta ladera. Los caminos antiguos tenían mucha más pendiente que los paseos actuales.