Salamanca
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CIELO DE SALAMANCA

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En una sala del fondo del Patio de Escuelas Menores se expone, desde 1952, el Cielo de Salamanca, un fragmento de la bóveda que cubrió la primera biblioteca de la Universidad de Salamanca.

El acceso conduce a un espacio de iluminación tenue, concebido para recrear la experiencia de un cielo nocturno. Poco a poco, se distinguen los tonos azules del fondo, las estrellas doradas y las figuras mitológicas que representan el firmamento sobre una bóveda de forma ochavada. Destacan las figuras del Sol y Mercurio, representados triunfantes en carros: el Sol tirado por cuatro caballos y Mercurio por dos águilas. Se conservan cinco constelaciones zodiacales (Leo, Virgo, Libra, Escorpio y Sagitario), tres boreales (Boyero, Hércules y Serpentario) y seis australes (Hydra, Cráter, Corvus, Ara, Centauro y Corona Austral), además de la representación de los cuatro vientos: Céfiro, Austro, Euro y Bóreas.

El fragmento conservado formaba parte de una bóveda mucho mayor, que originalmente incluía las 48 constelaciones ptolemaicas y todos los planetas conocidos en la época. La obra, atribuida a Fernando Gallego y fechada a finales del siglo XV, se derrumbó en el siglo XVIII, sobreviviendo solo una tercera parte. Este fragmento, oculto durante siglos, fue restaurado, trasladado a soporte textil y finalmente instalado en las Escuelas Menores a mediados del siglo XX.

La Cátedra de Astronomía/Astrología de la Universidad de Salamanca se creó en 1460, estrechamente vinculada a la Medicina, y convirtió a la ciudad en un importante centro de referencia en estos estudios durante los siglos XV y comienzos del XVI. Entre sus primeros catedráticos destacan Nicolás Polonio, Juan de Salaya O Diego de Torres Villarroel, autor de obras astronómicas y astrológicas de gran difusión entre sus alumnos.

La figura más relevante del periodo fue Abraham Zacut, judío salmantino que, aunque no pudo ser profesor en la Universidad, mantuvo una estrecha relación con ella. Su obra Ha-Ḥibbur ha-gadol simplificó notablemente los cálculos astronómicos y su Almanach perpetuum tuvo una enorme difusión, influyendo en la navegación y en la enseñanza científica de la época.

En este contexto también se realizó la bóveda conocida como el Cielo de Salamanca (h. 1483–1486), probablemente vinculada al entorno de la cátedra. Su contemplación continúa siendo una experiencia fascinante para quienes visitan Salamanca. La admiración que despierta ha motivado la realización de diversos estudios que intentan determinar si la escena representada corresponde a un cielo real, visible desde Salamanca en una noche de verano de finales del siglo XV, o si fue creada para conmemorar algún acontecimiento histórico concreto.

La pintura inspiró el logotipo de la Capitalidad Cultural Europea de 2002 y ha dado lugar a numerosas exposiciones, publicaciones y proyectos digitales dedicados a reconstruir el cielo original. En la actualidad, una recreación de lo que pudo ser la obra completa puede contemplarse en el Museo Episcopal.

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Patrimonio de la humanidad
Sala de exposiciones
Precio visita libre
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