CIELO DE SALAMANCA
15 minutosDesde 1952 se expone en el Patio de Escuelas Menores un fragmento de la bóveda que cubrió la primera biblioteca de la Universidad de Salamanca. Esta magnífica pintura mural representa el firmamento desde una perspectiva mitológica: sobre un cielo azul cuajado de estrellas se despliegan varias constelaciones y planetas de la Octava Esfera. En ella pueden verse cinco constelaciones zodiacales, tres boreales y seis australes, junto a las figuras del Sol y Mercurio, que avanzan por el firmamento en carros tirados por caballos y águilas. Completa el conjunto la personificación de los cuatro vientos cardinales: Céfiro, Austro, Euro y Bóreas, representados como cabezas humanas con las mejillas hinchadas, soplando y animando el movimiento del cosmos.
El fragmento conservado perteneció a una bóveda tres veces mayor, que incluía las 48 constelaciones ptolemaicas y todos los planetas conocidos en la época. La obra fue realizada a finales del siglo XV por el pintor Fernando Gallego. En el siglo XVIII parte de la bóveda se derrumbó y solo sobrevivió un tercio del conjunto original. Ese fragmento, que permaneció oculto durante siglos, fue restaurado, trasladado a tela y finalmente instalado en las Escuelas Menores a mediados del siglo XX.
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El siglo XV marcó una etapa de esplendor para la Universidad de Salamanca con la afluencia de gran número de estudiantes y el nacimiento de la imprenta que incrementó considerablemente el número de libros que llegaron a la universidad. Fue en este contexto cuando se construye la Biblioteca en las Escuelas Mayores. Gracias a la documentación conservada, sabemos que la construcción de la librería fue llevada a cabo por los maestros Yuçca y Abrayme entre los años 1474 y 1479. No obstante, no se conservan los libros de claustro que permitan conocer con certeza la autoría y la cronología del programa astrológico pintado en su bóveda. La autoría fue atribuida por Gómez Moreno al pintor Fernando Gallego, quien la habría realizado entre 1483 y 1486.
Esta primera biblioteca se edificó sobre la antigua capilla. Se trataba de una sala de planta rectangular que medía aproximadamente 23 metros de largo por 8,70 de ancho. Su cubierta consistía en una bóveda de cañón realizada en ladrillo, sostenida y dividida en tres tramos mediante dos arcos fajones de sillería. En ambos extremos, la estructura se remataba con bóvedas ochavadas.
Las primeras referencias datan de finales del siglo XV y se deben a Lucio Marineo Sículo y Jerónimo Münzer. La descripción más completa la realizó Diego Pérez de Mesa en 1595, quien señaló que la bóveda original representaba las 48 constelaciones ptolemaicas: doce zodiacales, veintiuna boreales y quince australes. La presencia del Sol y Mercurio, junto con las descripciones de Marineo y Münzer, indica que también figuraban los demás planetas conocidos en ese momento: la Luna, Venus, Marte, Júpiter y Saturno.
Entre 1503 y 1506 la universidad reformó la capilla instalando un nuevo retablo que invadió el espacio de la biblioteca. Se construyó entonces una nueva bliblioteca en la galería occidental. Al desmontarse el artesonado que hacía de suelo de la biblioteca y techo de la capilla, la bóveda celeste pasó a cubrir directamente la capilla hasta mediados del siglo XVIII. Estas modificaciones, unidas a los daños causados por la humedad, deterioraron gravemente la pintura. Para preservarla, se emprendió una restauración dirigida por Juan de Yprés, cuyos repintes, incompatibles con los pigmentos originales, terminaron perjudicando aún más la obra.
En 1763, una nueva remodelación provocó el derrumbe de dos de los tres tramos de la bóveda, conservándose únicamente el situado a los pies de la capilla. Se construyó entonces una nueva bóveda que ocultó las pinturas durante siglos. La obra cayó entonces en el olvido hasta su redescubrimiento en 1901 por el profesor García Boiza. En 1913, el historiador Manuel Gómez-Moreno atribuyó las pinturas a Fernando Gallego, una identificación aceptada desde entonces por todos los investigadores que se han ocupado de esta obra. Se considera que Gallego realizó la obra entre 1483 y 1486 como una representación del universo conocido, basada en la cosmología ptolemaica y en las ilustraciones del Poeticon Astronomicon de Higinio (1482). Su función era tanto didáctica —mostrar constelaciones y planetas visibles— como espiritual, al vincular el orden celeste con la armonía divina.
En la década de 1950, las pinturas fueron retiradas de la bóveda original mediante la técnica del strappo y trasladadas a lienzo para garantizar su conservación. La delicada operación fue realizada por los hermanos Gudiol Ricart, y en 1952 el fragmento ya restaurado se instaló en una sala de las Escuelas Menores, donde permanece hoy.
Desde su recuperación, diversos investigadores han planteado la posibilidad de que el Cielo de Salamanca represente una configuración astronómica concreta. Se ha sugerido que podría corresponder al cielo de una noche de agosto de 1475, aunque esta hipótesis no ha sido confirmada. En cualquier caso, la obra refleja plenamente el espíritu del Renacimiento, integrando ciencia, arte y religión en una expresión visual de extraordinaria belleza y profundo significado.
El redescubrimiento de las pinturas murales que decoraron la bóveda de la primera biblioteca universitaria tuvo lugar a comienzos del siglo XX, aunque no fue hasta mediados de esa centuria cuando se decidió restaurarlo y exponerlo al público.
En 1950, se encargó a los hermanos Gudiol la extracción de las pinturas murales para su restauración y traslado a una nueva ubicación en las Escuelas Menores. Utilizando la técnica del strappo, las pinturas se traspasaron a lienzo y se dividieron en 33 fragmentos, que fueron montados sobre bastidores de madera. Finalmente se colocaron con una disposición similar a la original, de la que únicamente se había conservado el ochavo situado a los pies de la capilla y uno de los arcos fajones.
Gracias a los testimonios de quienes pudieron contemplar la obra en su totalidad, los investigadores han concluido que en ella figuraban los siete planetas conocidos en la época, junto con las 48 constelaciones de la octava esfera: 21 boreales, 15 australes y 12 zodiacales, además de los cuatro vientos cardinales. Sobre un cielo azul salpicado de estrellas de oro campean diversas figuras alegóricas de astros, planetas y constelaciones de ambos hemisferios y los signos del Zodiaco. En su realización se utilizó una técnica mixta: óleo para las figuras y temple para el resto.
Del conjunto original del Cielo de Salamanca se conservan dos de los siete planetas representados: • Sol (Helios): aparece como un joven imberbe, coronado de rayos, vestido con indumentaria gótica. Va montado en una cuadriga tirada por tres caballos blancos y uno negro, porta un cetro y se dirige hacia su casa diurna, Leo, cuya figura está representada en la rueda del carro.
• Mercurio: se muestra sentado en un carro tirado por dos águilas, en camino hacia su morada nocturna, Virgo. Lleva el caduceo y una estrella en el pecho. Sus dos domicilios astrológicos, Géminis (diurno) y Virgo (nocturno), están figurados en las ruedas del carro. Bajo estas figuras planetarias se encuentran tres grandes representaciones de constelaciones boreales: Boyero, Hércules y Serpentario.
A la derecha del mural se distinguen varias constelaciones australes: la Hidra – con más de 7 metros de longitud-, aparece representada como una gran serpiente, pero sin mostrar las siete cabezas del modelo mitológico, el Cuervo, la Crátera u Orza, el Roble, el Ara, la Corona Austral y el Centauro.
En cuanto a las constelaciones zodiacales, se han conservado cinco signos correspondientes a la segunda mitad del año: Leo, Virgo, Libra, Escorpio y Sagitario.
Completa el conjunto la personificación de los cuatro vientos cardinales: Céfiro, Austro, Euro y Bóreas, representados como cabezas humanas con las mejillas hinchadas, soplando y animando el movimiento del cosmos.
Finalmente, el arco de medio punto que enmarca la escena muestra, en letras doradas sobre fondo azul, una estrofa del Salmo 8: “Videbo celos tous opera digitorum tuorum lunam et stellas que tu fundasti.” (“Contemplaré los cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú creaste.”)