IERONIMUS. TORRES DE LA CATEDRAL DE SALAMANCA
1 hora 30 minutosEl año 2002, novecientos años después de la restauración de la diócesis, las torres de la catedral abrieron sus puertas a los visitantes. Se trata de un recorrido único que permite conocer espacios sólo accesibles hasta ese momento a las personas que trabajaban para la Catedral. El recorrido nos ofrece las mejores vistas del casco histórico a la vez que contemplar el interior de las dos templos catedralicios desde unas perspectivas únicas.
La Torre de Campanas sufrió importantes daños tras el Terremoto de Lisboa de 1755, lo que obligó a acometer diversas reparaciones. Cada año, Salamanca recuerda que la ciudad no sufrió víctimas en aquel desastre mediante la tradicional subida del Mariquelo, que asciende a lo alto de la torre vestido de charro para agradecer a la Virgen su protección.
Precio visita libre
- Individual - 4.00 €
- Grupos (Número mínimo: 20) - 3.50 €
- Niños (Edad máxima: 10) - 0.00 €
Tras la reconquista de Toledo, el rey Alfonso VI de León ordenó la repoblación de diversos núcleos situados al sur del Duero, entre ellos Salamanca. La misión fue confiada a su yerno, el conde francés Raimundo de Borgoña, esposo de doña Urraca —futura reina del Reino de León—, quienes culminaron la repoblación de la ciudad en el año 1102. Los condes nombraron obispo a Jerónimo de Perigord, un clérigo francés que había sido capellán del Cid y obispo de Valencia.
En su traslado desde la sede episcopal valenciana, Jerónimo de Perigord trajo consigo los documentos más antiguos que hoy conserva el Archivo de la Catedral de Salamanca: varias donaciones realizadas por el Cid Campeador y por doña Jimena, así como el célebre «Cristo de las Batallas», sin duda su legado más preciado. Se trata de un crucifijo de madera de finales del siglo XI que, según la tradición, acompañó al Cid en sus campañas contra los musulmanes.
El aspecto exterior de la Catedral Vieja durante la Edad Media, rodeada de almenas defensivas, le valió el sobrenombre de* fortis salmanticensis,* en alusión a su apariencia de fortaleza. El trazado de Santa María de la Sede incluía dos torres a los pies del templo: la más alta destinada a campanario, y la más baja, la Torre Mocha, concebida para la defensa del recinto. Hasta 1614, la estancia inferior de esta última funcionó como mazmorra de la catedral y solo era accesible desde el interior del templo. La puerta actual se abrió ese mismo año, cuando el espacio dejó de utilizarse como prisión y pasó a servir de acceso para el personal de la Catedral, que durante siglos ocupó parte de las torres como viviendas. Allí residieron los campaneros y sus familias hasta la década de 1960.
Desde comienzos del siglo XVIII, la Torre de Campanas fue objeto de sucesivas reformas. Tras el incendio provocado en 1705 por la caída de un rayo en la Torre de las Campanas, el maestro Pantaleón Pontón Setién añadió el remate barroco que hoy constituye el cuerpo superior de la torre. El sobrepeso de esta estructura, que duplica la altura original de la torre, provocó la aparición de grandes grietas. El terremoto de Lisboa de 1755 agravó aún más su estado, hasta el punto de amenazar ruina. Las reparaciones posteriores incluyeron la colocación de cinchos de hierro en el perímetro exterior del fuste románico, tirantes de madera en las estancias interiores —aprovechando los huecos de ventanales que fueron cegados— y un refuerzo exterior del fuste de la torre mediante un forro de sillería con perfil en talud.
La declaración de la Catedral como Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1887 marcó el inicio de las modernas campañas de restauración, emprendidas por el arquitecto Repullés y Vargas. Sin embargo, el origen del actual recorrido por las torres debe situarse entre 1998 y 2001, cuando se acometieron los trabajos de restauración de la Torre Mocha y de la Torre de las Campanas dentro del Plan Director de Restauración de la Catedral de Salamanca. Poco después, gracias a un acuerdo entre el Cabildo Catedralicio y el Ayuntamiento de Salamanca, se abrieron al público los recintos interiores de las torres.
Su apertura al turismo el año 2002 coincidió con el 900 aniversario de la refundación de la ciudad. Desde entonces, Ieronimus se ha consolidado como un espacio singular y sorprendente, convirtiéndose en uno de los grandes referentes turísticos de Salamanca. A lo largo de más de dos décadas, los espacios visitables se han ido ampliado y los contenidos expositivos se han renovado de manera constante.
El acceso a Ieronimus se realiza desde la puerta abierta en la fachada meridional de la Torre Mocha, situada en la Plaza Juan XXIII. Tras cruzar la entrada, el recorrido se adentra en las torres, auténticos guardianes de la ciudad desde hace más de novecientos años. Aquí se conservan salas que funcionaron como espacios defensivos, habitaciones de campaneros y espacios destinados a la liturgia.
1.- SALA DE LA MAZMORRA. Aquí se encuentra la taquilla de venta de entradas. Hasta 1614, esta estancia funcionó como la mazmorra de la catedral y solo se podía acceder a ella desde el interior del templo. La puerta actual se abrió ese mismo año, cuando el espacio dejó de utilizarse como prisión y pasó a servir de acceso para el personal de la Catedral, que habilitó algunos espacios de las torres como viviendas. Llama la atención el notable grosor del muro, que hubo de perforarse desde el exterior para permitir la entrada a la antigua celda. El recinto está cubierto por una bóveda gótica de arco apuntado.
2.- ESTANCIA DEL CARCELERO. Esta pequeña sala posiblemente sirvió para custodiar el acceso a la mazmorra, de ahí su nombre. Antes de la restauración, aquí se encontraba un retrete que utilizaban las familias que habitaron en la torre.
3.-SALA DEL ALCAIDE Y CATEDRAL VIEJA. Esta sala se sitúa sobre el zaguán de entrada a la Catedral Vieja. Desde una ventana geminada se ve toda la nave central del templo viejo. Al fondo se distingue la capilla mayor, presidida por dos obras maestras del arte tardo medieval: el espléndido retablo realizado por los hermanos Delli y el fresco del Juicio Final, obra de Nicoló Delli (Nicolás Florentino). Una pantalla nos permite apreciar en detalle las diferentes tablas del retablo y otros elementos difíciles de observar desde el suelo.
El espacio está dedicado a la historia musical de la catedral. Salamanca llegó a contar con la primera cátedra de música de Europa, y la estrecha relación entre la Universidad y el cabildo catedralicio favoreció la llegada de destacados músicos a la ciudadad. Reproducciones de partituras, antiguos instrumentos de viento y otros elementos ayudan a comprender la relevancia de la música en el ámbito catedralicio.
La Catedral de Salamanca conserva un conjunto excepcional de instrumentos renacentistas y barrocos, algunos de los cuales se exhiben aquí, como orlos, chirimías, un bajo y un oboe. La pieza más singular de la colección es una trompa marina, de la que solo se conocen dos ejemplares en España: el conservado en el Museo de la Música de Barcelona y el que se muestra en esta sala.
4.- SALA DE LA TORRE MOCHA.
El suelo de esta sala se corresponde con el nivel de la torre de defensa de época medieval. Las reformas llevadas a cabo en el siglo XVIII, cuando la torre perdió su valor defensivo, elevaron su altura en una planta. La escalera de caracol es posterior a la construcción de la torre medieval y se ejecutó perforando el muro de arriba abajo. Antes de su restauración la estancia albergó una vivienda y estaba dividida con tabiques.
Hoy este espacio invita a descubrir la importancia del archivo catedralicio, auténtico guardián de la historia de la Catedral y de la ciudad. Aquí se pone en valor la labor de los archiveros, que durante siglos han preservado documentos y tesoros únicos. En las vitrinas pueden contemplarse piezas históricas y objetos singulares, entre los que destaca el célebre Cristo pectoral del Cid, un exquisito crucifijo románico de cobre dorado y esmaltado, característico de la Escuela de Limoges.
En el centro de la sala se ha instalado la escultura ‘Lumen Spiralis', de la artista Esther Pizarro. Se trata de una reja con forma de espiral de 12,5 metros de longitud. Si desplegamos la espiral vemos el perfil de la ciudad, con la Torre de Campanas como el punto más alto. Con ella se rinde homenaje al archivo catedralicio y a sus archiveros. Está formada por lomos de libros apilados y a la vez éstos compuestos por letras del alfabeto latino y griego. Sólo hay una frase legible en lo alto: el inicio del Evangelio de San Juan “Ἐν ἀρχῇ ἦν ὁ λόγος" (En el principio era el Verbo).
5.- SALA ALTA Es un espacio de transición, un distribuidor desde el cual se accede a la terraza de la Torre Mocha, a la Sala de la Bóveda y a la pasarela que conduce a la Torre del Gallo y a la Catedral Nueva.
Con la declaración de la Catedral como Monumento Histórico Artístico Nacional en 1887 darán inicio las modernas campañas de restauración sobre el monumento, iniciadas por el arquitecto Repullés y Vargas. Una línea del tiempo nos informa sobre las sucesivas restauraciones realizadas desde entonces.
6.- ANDÉN DE LA TORRE DEL GALLO Y PATIO CHICO Antes de adentrarse en la Catedral Nueva, una pasarela conduce hasta la altura de la Torre del Gallo, desde donde es posible contemplar de cerca todos sus detalles. Desde este punto, una balconada ofrece además una magnífica vista del Patio Chico.
7.- BALAUSTRADA DE LA CATEDRAL NUEVA Al avanzar, el visitante accede a la balautrada que rodea la Catedral Nueva a la altura del arranque de las bóvedas. Este corredor elevado, inspirado en los antiguos triforios medievales, permite apreciar de cerca la compleja arquitectura tardogótica del templo. Desde aquí se contempla en toda su magnitud la grandiosidad del edificio: sus tres naves con capillas laterales y las magníficas bóvedas estrelladas diseñadas por Rodrigo Gil de Hontañón. A lo largo del recorrido, los grandes ventanales renacentistas inundan el espacio con la luz tamizada por las vidrieras, donde se representan escenas bíblicas y figuras de patriarcas, profetas y apóstoles.
Desde el centro de la balaustrada se disfruta de una vista privilegiada del majestuoso coro de los Churriguera, con su sillería de nogal finamente tallada, flanqueada por dos órganos —uno renacentista y otro barroco—. La Capilla Mayor está presidida por la imagen de la Virgen de la Asunción, acompañada por imponentes esculturas que representan a los Padres de la Iglesia Oriental y Occidental. Sobre el altar, dos grandes urnas de plata custodian las reliquias de San Juan de Sahagún, patrón de Salamanca, y de Santo Tomás de Villanueva.
9.- ESCALERA DE CARACOL DE MALLORCA El recorrido continúa por una escalera de caracol de Mallorca que arranca desde la Capilla de San Clemente y sube hasta la terraza de la Catedral Nueva. Obra de Juan Gil de Hontañón, esta escalera del siglo XVI es una pieza maestra de la ingeniería renacentista: carece de eje central y se eleva en forma helicoidal, apoyándose únicamente en el muro. El pasamanos, tallado directamente en la piedra, acompaña el ascenso. Subirla es una experiencia casi escultórica: la luz entra por pequeñas aberturas, la piedra se curva suavemente y el visitante siente cómo la arquitectura se convierte en movimiento.
10.- TERRAZA DE ANAYA Desde esta terraza se despliega la panorámicas más completa e impactante de Salamanca. Hacia el oeste se distingue el cerro de San Vicente, origen histórico de la ciudad. Bajo nuestros pies sobresale el edificio histórico de la Universidad, coronado por la espadaña de su capilla, y al fondo de la panorámica el Colegio Mayor del Arzobispo Fonseca, uno de los cuatro Colegios Mayores que tuvo Salamanca. Seguidamenre se observa la imponente silueta de la iglesia de la Clerecía y la Universidad Pontificia, que ocupan lo que fue el antiguo Colegio de la Compañía de Jesús. En dirección norte vemos la Rúa Mayor, eje principal de la ciudad histórica, que conduce hasta la Iglesia de San Martín. Detrás vemos la espadaña del Ayuntamiento que nos indica donde se encuentra la Plaza Mayor. A los pies del visitante se extiende la Plaza de Anaya, trazada en 1811 durante la ocupación francesa de la ciudad, donde se encuentran la Iglesia de San Sebastián y el antiguo Colegio Mayor de San Bartolomé o de Anaya. Hacia el este destacan el Convento de las Dueñas y del Convento de San Esteban, dos hitos esenciales del patrimonio salmantino. Por último, frente a nosotros se alza la majestuosa estructura de la Catedral Nueva. Sus tres naves escalonadas, sostenidas por contrafuertes, arbotantes y pináculos, ofrecen una auténtica lección de arquitectura tardogótica, visible aquí en toda su magnitud.
11.- BAJOCUBIERTA CATEDRAL NUEVA Espacio comprendido entre las bóvedas de la nave central de la Catedral Nueva y la cubierta del edificio. Una pasarela permite recorrer el tramo que se extiende entre los pies del templo y el cimborrio. Bajo nosotros se encuentra el extradós de las bóvedas, sobre el cual se proyecta un audiovisual que invita a “volar” sobre el templo y descubrir la estructura interna de la catedral, así como detalles imposibles de apreciar desde el suelo.
Se continúa el recorrido hacia la Torre de Campanas . Su ascensión se realiza por una escalera de caracol, controlada por un semáforo.
12.- SALA DEL RELOJ La Sala del Reloj corresponde al último nivel de la torre medieval, situada entre la Sala de la Bóveda y la Sala de Campanas. En ella se aprecian las huellas de los daños sufridos por la torre a lo largo del tiempo: el incendio de 1705, la restauración barroca realizada por Pantaleón Pontón Setién —cuyo añadido provocó serios problemas en la estructura— y los efectos del Terremoto de Lisboa. Las reparaciones incluyeron la colocación de cinchos de hierro en el exterior, tirantes de madera en el interior y el revestimiento con un “forro” de sillería del fuste románico. También se desmontó la bóveda estrellada del siglo XVI que cubría este espacio y se instaló un forjado de madera con un hueco central para iluminar el interior. Actualmente, la sala alberga la antigua maquinaria del reloj de la catedral y un vídeo sobre el paso del tiempo. Este reloj marcó durante siglos la vida cotidiana de la ciudad y llegó a generar una curiosa situación: tras adoptarse el meridiano de Greenwich, coexistieron dos horarios, el del reloj catedralicio para la vida diaria y el oficial que marcaba el reloj del Ayuntamiento.
13.- CUERPO DE LAS CAMPANAS Esta estancia pertenece al cuerpo superior de la torre, añadido en el siglo XVIII. El campanario actual alberga catorce campanas. Sobre ellas, en la cúpula de la torre, se encuentra las más grande de Salamanca, la campana mayor o gran campana de las horas, conocida como «María de la O». Más arriba, en el interior de la linterna, la pequeña campana de los cuartos. Las paredes de la sala conservan numerosas inscripciones con advocaciones religiosas, mantenidas como testimonio y homenaje a quienes, en tiempos pasados, dejaron en estos muros la huella de su presencia. Desde este punto, el más elevado de la ciudad, se obtiene una vista panorámica completa hacia los cuatro puntos cardinales.
Descendiendo, a la altura de la Sala Alta, se encuentran las siguientes estancias:
14.- SALA DE LA BÓVEDA Construida en el siglo XIII, la sala está cubierta por una bóveda de cañón apuntado. Tanto los muros como la bóveda se construyeron con sillería de piedra arenisca de Villamayor, en la que aún pueden apreciarse huellas de labra y marcas de cantero. A lo largo del siglo XVIII, diversas intervenciones y varias catástrofes naturales dañaron gravemente su estructura, lo que obligó a reforzarla y apuntalarla. El primero de estos desastres tuvo lugar en 1705, cuando un rayo provocó un incendio que fundió las campanas y convirtió la estancia en un auténtico horno, reventando los muros y afectando al cuerpo superior de la torre. El maestro Pantaleón Pontón Setién se encargó de su reparación y añadió el remate barroco que corona la torre. Sin embargo, el peso de esta nueva estructura perjudicó el fuste medieval, un daño que se agravó tras el terremoto de Lisboa del 1 de noviembre de 1755. Las consecuencias de todo ello siguen siendo visibles en el interior: muros fracturados, grietas y ventanas abocinadas que fueron macizadas. Dos grandes troncos de madera apuntalan hoy la sala, mientras que en el exterior varios cinchos metálicos refuerzan tanto esta estancia como el resto de la Torre de las Campanas. Además, un muro añadido a modo de forro de piedra recubrió el fuste original desde el nivel de las campanas hasta el suelo, ocultando para siempre la estructura primitiva en tres de sus lados. En las vitrinas expuestas en la sala se exhiben los diseños de los distintos proyectos presentados para su restauración, junto con objetos que evocan los oficios cuyo trabajo anónimo, a lo largo de los siglos, dio forma a este excepcional conjunto catedralicio. Este espacio recuerda también que aquí vivieron durante generaciones los campaneros y otros trabajadores de la Catedral, que, junto a sus familias, hicieron de esta sala su hogar hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX.
15.- TERRAZA DE LA TORRE MOCHA A pesar de su nombre, esta torre nunca fue desmochada; de hecho, en sus orígenes era más baja ya que en el siglo XVIII fuera recrecida en un cuerpo.
La salida a la Terraza de la Torre Mocha, situada a los pies de la Torre del Campanario, ofrece una de las vistas más completas y hermosas del Conjunto Catedralicio. Destaca especialmente la singular silueta de la Torre del Gallo, el cimborrio de inspiración bizantina de la Catedral Vieja, cuya originalidad contrasta con la imponente cúpula neoclásica de la Catedral Nueva.Las almenas que coronan la nave central de la Catedral Vieja evocan su antiguo carácter defensivo, recordándonos que este templo fue también fortaleza.
Desde este punto privilegiado, la mirada se abre hacia la vega del río Tormes, donde se suceden, de este a oeste, algunos de los hitos más significativos del paisaje salmantino: el Monasterio de La Vega, de donde procede la imagen de la patrona de Salamanca que hoy preside el retablo de la Catedral Vieja; el propio río Tormes; el Puente Romano, que conduce al histórico Arrabal del Puente; y, sobre él, la silueta contemporánea del Parador de Turismo.
A nuestros pies vemos el claustro catedralicio, en cuyo lado oriental sobresale la ventana gótica de la Capilla de Santa Bárbara, en la que se realizaban los exámenes que otorgaban el título de Doctor por la Universidad de Salamanca hasta mediados del siglo XIX.
Instrumentos de Viento Renacentistas Chirimías. Hacia 1530. Madera de arce.
Pertenecen a la Capilla de Música de la Catedral de Salamanca y, en conjunto, forman una de las colecciones más completas que se conservan en Europa.