CONVENTO DE LAS CLARAS
1 horaEl Convento de Santa Clara es el monasterio femenino más antiguo conservado en la ciudad. Su origen se remonta a la primera mitad del siglo XIII, cuando un grupo de mujeres de la nobleza decidió formar una comunidad de vida ascética entorno al beaterio de Santa María. Con el tiempo, gracias a privilegios concedidos por papas y reyes, el conjunto se transformó en el Real Monasterio de Santa Clara. En la actualidad, el edificio ha sido reconvertido en el Museo de Pintura Medieval de Santa Clara, donde destacan especialmente sus pinturas medievales y su excepcional artesonado.
El convento conserva un espléndido conjunto de pinturas, principalmente góticas, que recubren los muros del coro bajo. Estas obras ofrecen un amplio programa iconográfico de carácter religioso, con representaciones de santos franciscanos como San Francisco de Asís y Santa Clara, Padres de la Iglesia, martirios de santos y episodios tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.
De especial relevancia es el artesonado primitivo, descubierto durante unas obras en la década de 1970, que constituye una pieza clave para el estudio de la carpintería de lo blanco. Su rica decoración, con numerosos escudos y emblemas, conforma la colección heráldica más extensa conservada en la ciudad. Investigaciones recientes interpretan los cerca de 150 escudos representados como una crónica visual de la unión de los reinos de Castilla y León bajo el impulso de la reina Berenguela, reflejando acontecimientos históricos fechados entre 1204 y 1242.
Precio visita libre
- Individual - 8.00 €
- Mayores de 65 - 5.00 €
- Jovenes - 5.00 €
- Grupos (Número mínimo: 15) - 4.00 €
- Niños (Edad máxima: 12) - 0.00 €
- Discapacitados - 0.00 €
En la ladera del llamado Alto de San Cristóbal, al este del casco antiguo de Salamanca, se encuentra el Real Convento de Santa Clara. Sus orígenes se remontan entorno al año 1220, cuando varios grupos de mujeres —principalmente esposas e hijas de nobles y caballeros que se encontraban en las campañas bélicas— comenzaron a reunirse en beateríos y ermitas en busca de apoyo y protección. Uno de estos grupos, encabezado por doña Urraca, viuda de Fernando II de León, se estableció en el beaterío de la ermita de Santa María.
La construcción del monasterio debió iniciarse hacia 1230, y su iglesia quedó concluida entre los años 1245 y 1250. Ese mismo año, la comunidad adoptó el nombre de “freylas de Santa María”, vinculándose a la orden de San Damián fundada por Santa Clara de Asís y pasando a observar la regla franciscana. A finales del siglo XIII, el rey Sancho les concedió el título de “Real Monasterio de Santa Clara”.
A lo largo de su historia, el edificio sufrió numerosas transformaciones. En 1413 un grave incendio destruyó parte del convento, lo que motivó su reconstrucción durante los siglos XV y comienzos del XVI. De esta etapa datan la portada gótica de la iglesia, situada en la calle Santa Clara, enmarcada por un alfiz y coronada por la hornacina con la escultura pétrea de Santa Clara, así como varias ventanas apuntadas situadas en el coro alto.
Entre mediados del siglo XVII y la segunda mitad del XVIII se llevaron a cabo importantes obras de ampliación y reestructuración: se construyeron tres de las galerías del claustro, se restauraron la iglesia, la sacristía y las salas del coro y se levantó el torreón-mirador. Posteriormente, siguiendo el proyecto de Andrés García de Quiñones, se edificó la fachada principal del monastrio y se realizó la llamada “obra nueva”, que reorganizó la zona occidental del edificio y abrió salida a la plaza de San Román. En este periodo se construyó también la falsa bóveda de ladrillo, enlucida en yeso, que cubrió la sala del coro bajo durante más de dos siglos.
Durante la Guerra de la Independencia, las religiosas se vieron obligadas a abandonar el convento que fue ocupado por las tropas francesas. Los elevados impuestos derivados del conflicto y posteriormente, la Desamortización de Mendizábal, arruinaron el patrimonio del monasterio, que atravesó entonces su etapa más difícil. Aun así, la comunidad logró sobrevivir hasta tiempos recientes. En 2019, ante la falta de vocaciones y la avanzada edad de las últimas religiosas, estas fueron trasladadas a otros conventos de la orden.
A comienzos de los años setenta, diversas obras impulsadas por la comunidad de religiosas sacaron a la luz varios hallazgos excepcionales. En 1973, durante la reparación del tejado, se descubrieron las techumbres originales de la iglesia, ocultas desde el siglo XVIII bajo la falsa bóveda construida por Joaquín de Churriguera. Poco después apareció un notable conjunto de pinturas murales que recubrían los muros del coro bajo, datadas entre los siglos XIII al XVIII, que habían permanecido cubiertas por capas de cal durante siglos.
La posterior restauración del artesonado y de las pinturas recibió el Premio Europa Nostra de Conservación del Patrimonio. En 1989 estos espacios se abrieron al público como museo, conviviendo aún con la vida conventual. Tras la marcha de las religiosas en 2019, el conjunto pasó a convertirse en el Museo de Pintura Medieval de Santa Clara.
El recorrido por el convento comienza en el coro bajo, una sala rectangular situada a los pies de la iglesia y comunicada con ella mediante una puerta abierta en el muro que las separa. A comienzos de los años setenta, durante unas obras de albañilería, salió a la luz un impresionante conjunto de pinturas murales que recubrían sus paredes y que habían permanecido ocultas durante siglos bajo sucesivas capas de cal.
La remodelación del coro en el siglo XVI supuso la destrucción parcial de las pinturas originales. En ese momento se construyeron los arcos fajones escarzanos, apoyados sobre pilares que dividieron la sala en seis tramos y cortaron parte de las escenas pintadas en los muros. Las enjutas de estos arcos están decoradas con veinte magníficos medallones que representan santos, mártires y clérigos, considerados entre los de mayor calidad artística de la ciudad.
Hoy es posible admirar un espléndido conjunto pictórico que, tanto por sus dimensiones —unos 140 m²— como por el amplio periodo que abarca, constituye una magnífica colección de pintura principalmente gótica. Las obras están ejecutadas al fresco y al temple, y en menor medida al óleo, y representan diversas escenas de carácter religioso: santos franciscanos como San Francisco de Asís o Santa Clara; Padres de la Iglesia; martirios de santos —como los de San Pedro, San Damián o San Bartolomé—; así como pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento, entre ellos el Sacrificio de Isaac, Jesús bendiciendo a la Magdalena o la duda de Santo Tomás. Se representa también a santos como Santo Domingo de Guzmán, Santa Ursula con las cien mil vírgenes o San Cristóbal, que fueron muy populares y ampliamente representados en la Edad Media.
GALERÍA SEPTENTRIONAL DEL CLAUSTRO Es la galería más antigua del claustro. Se sostiene sobre seis columnas con capiteles románicos decorados con motivos vegetales, rostros humanos muy toscos y circunferencias concéntricas. Se ha señalado que pudo formar parte del pórtico de la primitiva ermita de Santa María, origen del actual convento. La galería está cubierta por un hermoso alfarje policromado del siglo XVI. Las losas del pavimento, por su parte, recuerda que en este espacio se ubicó el antiguo cementerio conventual.
La galería funciona hoy como un pequeño museo, con hornacinas y altares adornados con delicados azulejos talaveranos. Entre las piezas expuestas destacan un Cristo Crucificado de madera del siglo XV, de estilo gótico-bizantino; un tríptico dedicado a San Juan Bautista; y un arcosolio plateresco que alberga una pintura renacentista con en la que se representa a Santa Ana, la Virgen con el Niño y San Pablo.
Las intervenciones más recientes permitieron recuperar varias pinturas murales que habían permanecido ocultas bajo capas de cal. Entre ellas se encuentran una representación del Milagro de la palmera durante la huida a Egipto y otra dedicada a María Magdalena.
Las otras tres galerías del claustro fueron construidas en los siglos XVII y XVIII. Hasta hace pocos años se conservaban en este patio las dos encinas más longevas de la ciudad. La más antigua, con casi 1.200 años, tuvo que ser talada en 2014. La otra, aún en pie, se remonta al siglo XIII, coincidiendo con los orígenes del convento.
LA IGLESIA La iglesia del convento de Las Claras consta de una única nave de planta rectangular. Al exterior aún conserva vestigios de la antigua construcción gótica. La puerta, con arco apuntado de piedra está enmarcada por un sencillo alfiz. Sobre ella, una hornacina acoge la imagen de Santa Clara.
El interior fue sometido a una profunda transformación a principios del siglo XVIII. Bajo la techumbre original de madera se realizó una falsa bóveda de lunetos, construida en ladrillo recubierto de yeserías con una prolija decoración barroca.
La iglesia tiene siete retablos barrocos, cuyo resplandor dorado parece iluminar el templo al ingresar en su interior. El retablo mayor fue encargado en 1701 a Joaquín de Churriguera y Pedro de Gamboa. Aunque de dimensiones más reducidas, este retablo guarda estrecha relación con el que su hermano José realizó para la iglesia de San Esteban. Tallado en madera sobredorada con pan de oro se compone de una predela, un cuerpo central y un ático, coronado por una peineta decorada con un querubín. El cuerpo central del retablo se articula en tres calles delimitadas por columnas salomónicas decoradas con racimos de uvas y hojas de parra que cubren casi por completo su superficie. En la hornacina central se encuentra la imagen de Santa Clara de Asís con la custodia, mientras que en el ático se sitúa la figura de la Inmaculada. Las hornacinas de las calles laterales albergan las esculturas de San Francisco de Asís y San Antonio de Padua.
Los altares laterales, del mismo estilo que el mayor, aunque de menores dimensiones, están dedicados a San Buenaventura, el Calvario, Santa Catalina de Bolonia, San Juan Bautista y Nuestra Señora del Rosario.
EL CORO ALTO En el coro alto, se exhiben numerosas obras del propio convento junto a otras procedentes de conventos como las Úrsulas de Salamanca o el de Santa Clara de Ciudad Rodrigo.
LAS TECHUMBRES ORIGINALES Cuando a principios del siglo XVIII Joaquín Churriguera construyó la falsa bóveda de ladrillo que cubre la iglesia, respetó los artesonados primitivos. El descubrimiento de estas magníficas techumbres tuvo lugar en 1973, cuando se efectuaban trabajos de reparación en el tejado de la iglesia. Estos artesonados, se encontraban muy deteriorados por lo que se procedió a su total restauración, consolidando su estructura, protegiendo la madera y limpiando y preservando su policromía.
Gracias a un ingenioso e inédito sistema de pasarelas y puentes metálicos instalados durante la restauración de 1988, podemos admirar de cerca sus diferentes artesonados. La techumbre se compone de tres partes que pertenecen a distintas épocas, por lo que su estudio resulta de gran interés para conocer la evolución estilística de la carpintería de lo blanco:
El artesonado primitivo, confeccionado en par y nudillo, constituye la mayor parte de la techumbre. El arrocabe de esta armadura y sus cuadrales están profusamente decorados con una gran variedad de emblemas y escudos que constituyen la más extensa y completa colección conservada en la ciudad. Junto a ellos se pintaron motivos vegetales, formas geométricas o animales fantásticos, como dragones y arpías.
En un primer momento se pensó que estos escudos pertenecían a familias de nobles salmantino que habrían sido benefactoras del convento. Recientes investigaciones interpretan los aproximadamente 150 escudos representados en ella como una crónica de la historia de la unión de los Reinos de Castilla y de León, bajo el liderazgo de la Reina Berenguela de Castilla. Según este estudio los acontecimientos históricos reflejados a través de la heráldica en la techumbre de Las Claras narrarían episodios históricos acaecidos en el periodo comprendido entre los años en 1204 y 1242.
La propia Berenguela habría concebido esta crónica, en la que, además de los emblemas que evocan a sus ancestros maternos —los Plantagenet y los duques de Aquitania—, se representarían episodios decisivos de su vida y de la historia de los dos reinos. Entre ellos figurarían la proclamación como rey de Castilla de su hijo primogénito, Fernando III el Santo; así como la muerte de Alfonso IX y los posteriores conflictos sucesorios por el trono leonés entre sus descendientes. El relato culminaría con el compromiso matrimonial de su nieto, el futuro Alfonso X el Sabio, con Violante, infanta de Aragón.
La zona de techumbre correspondiente a la cabecera data de finales de siglo XV o inicios del XVI, cuando se intentó sustituir el primitivo artesonado, trabajos que no se concluyeron a causa de errores de cálculo que motivando su desplazamiento hacia el muro norte que amenazaron con el desmoronamiento de la estructura. Es una hermosa techumbre apeinazada, de lacería.
EL MIRADOR : Desde el coro alto se accede al torreón, edificado entre los años 1727 y 1728. Desde aquí se despliega ante nosotros una vista excepcional del Teso de las Catedrales. En este imponente escenario, sobresalen la silueta de la Catedral Nueva y la del Real Colegio del Espíritu Santo, dominando el horizonte y conformando un conjunto arquitectónico de sobrecogedora belleza.