PUENTE ROMANO DE SALAMANCA
30 minutosEl Puente Romano de Salamanca, también conocido como Puente Mayor del Tormes, es una de las construcciones más emblemáticas de la ciudad. Situado sobre el río Tormes, este puente ha sido hasta inicios del siglo XX la única vía de acceso a Salamanca desde el sur. Se cree que fue construido en el siglo I d.C. como parte de las infraestructuras de la Vía de la Plata, vía que conectaba Mérida con Astorga. A lo largo de los siglos ha sufrido las embestidas de las riadas del Tormes, como la de* San Policarpo de 1626*, tras la que parte de su estructura tuvo que ser reconstruida. Tiene 26 arcos, de los cuales sólo 15 son de origen romano, realizados con arcos de medio punto y sillares almohadillados. Su silueta forma parte del escudo de Salamanca, junto al verraco vetón, desde la Edad Media.
Desde hace unos dos mil años la historia del Puente Romano está estrechamente vinculada a la evolución histórica de la ciudad. Se trata de uno de los monumentos más representativos de Salamanca. Su imagen se encuentra íntimamente asociada a la de la ciudad junto con la del verraco vetón, formando ambos partes del escudo de Salamanca.
Durante siglos, la tradición popular atribuyó la construcción del Puente Romano a Hércules, y su posterior reedificación al emperador Trajano. Esta creencia se vio reforzada en 1767, cuando se halló en la primera arcada del puente una caja de platina que contenía una medalla en honor a Hércules lo que reforzó la leyenda que ha perdurado hasta nuestros días en el imaginario colectivo.
Los estudios históricos sitúan la construcción del puente en la segunda mitad del siglo I d.C., como respuesta a la necesidad de facilitar el cruce del río Tormes a los viajeros que recorrían la Vía de la Plata/calzada romana, que conectaba Mérida con Astorga (Iter ab Emerita Asturicam). Se cree que dicha calzada podía estar finalizada en tiempos del emperador Ausgusto, en torno al año 19 a.C., lo que ha hecho pensar a algunos investigadores que en ese tiempo ya existiese un puente en cuya se estructura se combinasen piedra y madera.
Aunque su construcción probablemente se remonte al siglo I d.C., el momento exacto sigue siendo en la actualidad objeto de debate. Algunos estudios sugieren que el puente pudo haberse construido durante el mandato de Nerón; otros lo atribuyen a los reinados de Trajano o Adriano, basándose para defender esta hipótesis en similitudes arquitectónicas con el Acueducto de Segovia y en estudios epigráficos de los miliarios conservados junto a la calzada romana. La realidad, a día de hoy, es que no existen evidencias arqueológicas, epigráficas ni documentales que permitan determinar con precisión la fecha exacta de su construcción.
Tampoco se cuenta con información precisa sobre el papel que pudo jugar el puente en épocas posteriores. Durante la Reconquista, el puente debió ser un paso importante en las vías de comunicación del Reino de León, pero no se tiene constancia documental de su existencia hasta el siglo XIII, cuando se documenta en el anverso del Sello del Concejo de Salamanca un toro sobre un puente de piedra. Toro y puente aparecen también en el Fuero de Salamanca, datado en la segunda mitad del siglo XIII. Será a partir del siglo XV cuando las referencias al puente comiencen a ser habituales en las crónicas de los diversos viajeros extranjeros que visitan la ciudad.
Desde sus orígenes, el puente ha estado expuesto a las crecidas del Tormes, considerado, junto al Tajo, uno de los ríos más peligrosos de la Península Ibérica debido a sus frecuentes y devastadoras riadas. Estas avenidas han provocado numerosos daños en la estructura del puente y, aunque tradicionalmente se atribuye la ruina de su mitad meridional a la Riada de San Policarpo, lo cierto es que debió de sufrir destrucciones en varias ocasiones a lo largo de su dilatada historia. Se sabe que en el siglo XVI ya existía una parte reconstruida, de modo que la gran riada de 1626 no arrasó la obra original, sino una estructura que ya había sido restaurada con anterioridad. La reparación definitiva no se terminará hasta 1677, bajo el reinado de Felipe IV, tal y como consta en la inscripción situada en los pilares de la salida del puente hacia el Arrabal.
A finales del siglo XIX, el puente afrontó una de sus mayores amenazas. La Dirección de Carreteras propuso ampliarlo mediante vigas en voladizo que ensancharan la calzada para adaptarla al incipiente tránsito de automóviles. Gracias a las gestiones del concejal Enrique Estevan Santos, la propuesta fue descartada y se decidió levantar un nuevo puente aguas arriba. Esta nueva estructura, construida en hierro, se abrió al tráfico rodado en 1913.
Hasta entonces, el Puente Romano había sido el único acceso a la ciudad desde el sur. La construcción del embalse de Santa Teresa en la década de 1940 permitió regular las crecidas del Tormes y evitar nuevos daños en su estructura. Declarado Monumento Histórico-Artístico en 1931, desde 1973 su uso es exclusivamente peatonal.
En las proximidades del Puente Romano, en ambas márgenes del río existen numerosos puntos de interés. En la margen derecha, del lado de la ciudad, cabe destacar:
• El Verraco del Puente Romano: justo al inicio del puente encontrarás esta escultura vetona de un toro tallado en granito. Es un símbolo ancestral que se remonta a época prerromana. • Escultura del Lazarillo de Tormes: homenaje al célebre personaje literario, ubicada junto al puente. • Iglesia de Santiago: templo románico del siglo XII, tradicional punto de paso para peregrinos. Fue totalmente reconstruido a mediados del siglo XX. • Museo de Historia de la Automoción: cuenta con una importante colección de vehículos históricos instalada en una antigua fábrica de electricidad. • Casa Lis: museo de Art Nouveau y Art Déco. Desde la zoan del río llama poderosamente la atención su fachada de hierro adornada con preciosas vidrieras de colores. • Huerto de Calixto y Melibea: un jardín íntimo y romántico con vistas espectaculares a la catedral y a la zona del río. Ideal para pasear entre vegetación y revivir la historia literaria de “La Celestina”.
Al otro lado del río, en la zona del Arrabal, encontrarás estos rincones con encanto: • Iglesia Vieja del Arrabal (Santísima Trinidad): templo de origen medieval, . • Iglesia Nueva del Arrabal (Santísima Trinidad): construcción de mediados del siglo XX con un impresionante mural de Genaro de No Soler. • Mirador del Puente Romano: punto panorámico ideal para fotografiar el puente y la ciudad al atardecer. • Mirador del Embarcadero: espacio junto al río con vistas relajantes y acceso a actividades náuticas. • Puente de Enrique Estevan: elegante puente de hierro del siglo XX, con vistas a la ciudad y al Puente Romano.
El puente está formado por dos tramos claramente diferenciados, separados por un castillete central que sobresale de la calzada. La parte más cercana al casco histórico de la ciudad, conocida en la historiografía como “la puente vieja”, es de origen romano; mientras que el tramo más moderno, llamado” puente nueva o puente hispana”, fue reconstruido en épocas posteriores.
Origen y Evolución Aunque no se conoce con exactitud la fecha de su construcción, se estima que fue erigido entre los mandatos de los emperadores Augusto (27 a.C.–14 d.C.) y Vespasiano (69–79 d. C.), lo que lo convierte en una obra bimilenaria. A lo largo de su historia, ha sido restaurado en múltiples ocasiones y ha resistido varios intentos de demolición
Desde el punto de vista arquitectónico, el puente se compone de 26 arcos, de los cuales los quince primeros —contando desde su lado norte hasta el castillete central— son de fábrica romana. Su longitud total ronda los 350m. y la anchura oscila entre los 6 y los 7m.
Su estructura se divide en dos partes claramente diferenciadas; en el centro del puente se encuentra un castillete, que marca la separación entre ambas secciones. La parte romana fue construida con granito procedente de las canteras de Los Santos, mientras que la parte moderna o hispana, fue reconstruida en épocas posteriores con piedra procedente de Ledesma.
Parte Romana La longitud de este tramo romano es de 201.20 metros, con un ancho de calzada de casi seis metros. La estructura romana se caracteriza por su simetría y solidez, con sillares de granito colocados sin argamasa. La técnica empleada en la labra de los sillares es el almohadillado, en los que se aprecian las muescas para ser izados con forceps durante su construcción. En cuanto a su estructura, se trata de arcos de medio punto con dovelas igualmente almohadilladas y luces de entre 9,50 y 9,80 metros. La altura de los arcos es de aproximadamente seis metros. Aguas arriba cuenta con pilastras que descansan en tajamares de planta triangular. La calzada de adoquines que se ven en la actualidad no es la original del puente. Se han realizado estudios de estratigrafía arqueológica y se ha comprobado que a unos cincuenta centímetros de profundidad hay restos de un pavimento realizado con grandes losas, losas que no aparecen en la parte más moderna.
La puente nueva Construida entre los siglos XVII y XVIII, esta sección se extiende desde el castillete central hasta la margen izquierda del río Tormes, con una longitud de 157,5 metros. Está formada por once arcos de medio punto, claramente distintos en estilo y materiales respecto a los de época romana, utilizando piedra procedente de la zona de Ledesma. En la entrada desde el arrabal se encuentran dos pilastras cuyas inscripciones recuerdan la restauración realizada el siglo XVII. La pilastra izquierda muestra el escudo real y una inscripción que alude a las obras realizadas bajo el reinado de Felipe IV, dirigidas por Pedro de la Puente Montecillo. La inscripción señala que la obra se terminó en 1681: Acabóse esta fábrica del puente siendo caballero corregidor, D. Pedro de Prado, caballero de la orden de Santiago, señor de la villa de Adanero, alguacil mayor de Real Chancillería de Valladolid. Año 1681.