IGLESIA DE LA PURÍSIMA
30 MinutenEl convento se sitúa frente al Palacio de Monterrey de Salamanca, residencia del mecenas.
El interior de la Iglesia de la Purísima sorprende por el vivo cromatismo de sus retablos de mármol y por la valiosa colección de pintura italiana que estos acogen. En el retablo mayor destaca el monumental lienzo de la Inmaculada, obra de José de Ribera realizada en 1635. Asimismo, los retablos del crucero y de la nave reúnen lienzos del propio Ribera y de maestros italianos como Giovanni Lanfranco y Massimo Stanzione, conformando un conjunto artístico de extraordinaria riqueza.
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El encargado de realizar ese retablo fue al arquitecto y escultor Cosimo Fanzago. Fanzago, como retablista y escultor será, la figura central de la actividad artística napolitana en el siglo XVII. El Conde de Monterrey le encarga un retablo de mármoles embutidos para la iglesia de las Úrsulas en Salamanca que debía estar coronado por cinco esculturas de mármol representando un Calvario. Cuando el retablo ya estaba iniciado, el conde cambió de parecer y decidió hacer una nueva fundación en la que pensaba construir su panteón funerario. Fundó entonces un nuevo convento para las Agustinas descalzas de San Roque, que habían perdido el suyo en la célebre Riada de San Policarpo de 1626. Monterrey puso como condición para la nueva fundación que el convento cambiara su advocación de San Roque a la de la Purísima Concepción. Monterrey quiso erigir en esta iglesia no sólo su panteón funerario, dejando para la posteridad un testimonio de su grandeza terrenal, sino que a la vez deseaba manifestar su profunda devoción, compartida con su esposa, hacia la Inmaculada Concepción. El convento acogió desde 1656 a la hija natural -y única hija- del conde de Monterrey.
Las obras del nuevo convento comenzaron hacia 1636, siguiendo los planos elaborados en Nápoles por el arquitecto italiano Bartolomeo Picchiatti. Cósimo Fanzago fue el encargado de realizar los retablos de la iglesia, ejecutados en mármoles polícromos, así como el magnífico púlpito. Los retablos distribuidos por la iglesia albergan dieciséis lienzos debidos a grandes maestros de la época, como Guido Reni, Giovanni Lanfranco o José de Ribera, autor de la célebre Purísima que preside el altar mayor. El lienzo de San Agustín con el ángel, también situado en el altar mayor, ha sido atribuido a Rubens o a su escuela. Las esculturas de mármol destinadas a los cenotafios de los Condes son obra de Giuliano Finelli.
La iglesia de La Purísima fue construida entre los años 1636 y 1687. Tiene planta de cruz latina, con nave única de cuatro tramos, una capilla lateral a cada lado de la nave, cúpula sobre el crucero y coro alto a los pies. En el exterior se aprecia la influencia napolitana, especialmente en los dos pórticos que flanquean la fachada. Esta se organiza en tres calles: la central, más elevada, coronada por un gran frontón, y las laterales rematadas con alerones de amplias volutas. La portada, obra de Cósimo Fanzago, se realizó en mármoles grisáceos, con pilastras decoradas con puntas de diamante. En el ático alberga la placa fundacional con la inscripción alusiva al fundador. Sobre el frontón curvo campea el escudo del Conde de Monterrey sostenido por ángeles, todo ello en mármol blanco de Carrara. La cúpula original se desplomó en 1658 y fue sustituida por la actual, ochavada y rematada con linterna.
El interior refleja la sobriedad propia del siglo XVII, con muros animados por pilastras acanaladas de capiteles corintios. Los capiteles del crucero se decoran con bellísmas imágenes de las virtudes cardinales. Bajo la cúpula, en el subsuelo de la iglesia, se encuentra la gran cripta funeraria, nunca utilizada como panteón puesto que los condes no fueron enterrados en él.
Cuando se accede al interior impresiona el contraste que producen los altares de mármoles de colores sobre la piedra dorada de Villamayor. El retablo mayor, adosado al muro, se organiza en tres calles, estando presidida la central por el gran lienzo de la Inmaculada, mientras que las laterales se dividen en dos cuerpos cuyos espacios resultantes los ocupan también obras pictóricas.
El gran lienzo de la Inmaculada Concepción fue pintado al óleo por José de Ribera en 1635. Representa a la Virgen María en una disposición dinámica y ascendente. La Virgen aparece joven, con túnica blanca y manto azul, coronada con doce estrellas y la media luna a sus pies, mientras eleva la mirada al cielo con las manos cruzadas en señal de aceptación. En la parte superior, el Padre Eterno la bendice y envía la paloma del Espíritu Santo. La rodean ángeles portando símbolos de las letanías marianas, como la luna llena, lirios, rosas, torre, espejo sin mácula, olivo y palmera, que refuerzan su pureza, fortaleza y justicia.
De arriba a abajo, en la calle de la derecha se ubican el Abrazo de San Joaquín y Santa Ana ante la Puerta Dorada, símbolo de la concepción inmaculada de María, y San Juan Bautista de Guido Reni; en la de la izquierda vemos a San José y a San Agustín y el ángel, los tres primeros son de pintores italianos mientas que el San Agustín es de procedencia flamenca, adscrito al taller de Rubens.
El ático acoge la tela de la Piedad de Ribera. A sus lados se distribuyen las esculturas de mármol blanco de Carrara con los protagonistas del Calvario: la Virgen y San Juan en el centro, la Magdalena y Santiago el Mayor en los extremos y, sobre ellos Cristo Crucificado a cuyos lados hay dos grandes escudos de Monterrey. Preside todo el conjunto, un marco de mármol de tonos rojos que acoge una tela con Dios Padre bendiciendo, atribuida por algunos estudiosos a Lanfranco. También de Fanzago es el monumental sagrario situado sobre la mesa de altar del retablo, realizado como materiales nobles (lapislázuli, malaquita, jaspes y bronces dorados).
A ambos lados del altar mayor, están las estatuas orantes de los Condes de Monterrey, realizadas en mármol de Carrara por Giuliano Finelli, y enmarcados en nichos marmóreos proyectados por Cósimo Fanzago.
Los marcos de los retablos del crucero y de la nave, de mármoles de colores y realizados también por Fanzago, acogen la magnífica colección de pintura italiana encargada exprofeso para esta iglesia:
- En el crucero del lado del Evangelio se encuentran los lienzos de San Genaro y San Agustín, ambos de Ribera, y el la Epifanía firmado por el pintor genovés Luciano Borzone.
- En los altares del crucero de la Epístola hay una Natividad de Ribera; San Nicolás Tolentino de Lanfranco y sobre este La Comunión de la Virgen atribuida a la escuela madrileña.
- Los tres cuadros de la nave representan la bellísima Anunciación de Lanfranco, situada frente al púlpito; una Crucifixión de Bassano y la Virgen del Rosario de Maximo Stanzione.
En la nave de la epístola llama poderosamente el púlpito. Se trata de una magnífica obra de incrustación de mármoles polícromos concebida como un balcón monumental. Descansa sobre dos ménsulas de mármol, entre las que extiende sus alas la gran figura de un águila de mármol gris, símbolo de San Juan Evangelista. Bajo el águila se despliega el gran escudo de Monterrey tantas veces repetido en la iglesia sobre puertas y altares. Pero, sin lugar a duda, este es el más notable de todos ellos.