CONVENTO DE SAN ESTEBAN
1 horaEl Convento de San Esteban de Salamanca es uno de los conjuntos más sobresalientes de la arquitectura religiosa española. Fundado en el siglo XIII, el edificio actual fue levantado principalmente entre los siglos XV y XVI. Su arquitectura integra elementos góticos, renacentistas y barrocos, aunque su rasgo más distintivo es el estilo plateresco, visible en su célebre fachada, concebida como un gran retablo en cuyo centro se representa el martirio de San Esteban. En el interior destacan la iglesia, con el imponente retablo de José de Churriguera, así como espacios como el Claustro de los Reyes y la Escalera de Soto.
Más allá de su valor artístico, el convento está estrechamente vinculado a Cristóbal Colón, quien encontró apoyo entre los dominicos de San Esteban antes de emprender su viaje a América. En este contexto se gestaron relevantes reflexiones y debates en torno a la expansión hacia el Nuevo Mundo y el encuentro con otras culturas.
Con el tiempo, el convento se consolidó como uno de los principales focos de la Escuela de Salamanca. Allí enseñó Francisco de Vitoria, figura clave en el desarrollo del pensamiento jurídico y político moderno, especialmente en el ámbito del derecho internacional y la defensa de los derechos humanos.
Precio visita libre
- Individual - 4.50 €
- Grupos (Número mínimo: 20) - 3.50 €
- Estudiantes - 3.50 €
- Jubilados - 3.50 €
- Niños (Edad máxima: 10) - 0.00 €
A este convento acudió Cristóbal Colón en busca de apoyo para sus viajes, donde fue acogido entre 1486 y 1487. Su gran benefactor fue el prior del convento, fray Diego de Deza, confesor de la reina Isabel.
El Convento de San Esteban fue desde su origen, un importante centro de estudio y docencia de la Teología. Fue un foco cultural de primer orden con figuras de la talla de Domingo de Soto o Francisco de Vitoria, iniciador de la Escuela de Salamanca, padre del Derecho Internacional y defensor de los derechos de los indígenas americanos. Aquí se prestó ayuda espiritual a Santa Teresa de Jesús. En uno de los confesonarios del claustro se dice que se confesaba la Santa. San Ignacio de Loyola pasó cinco días conviviendo con los frailes del convento que le examinaron de su doctrina. Cuando salió del convento fue conducido a la cárcel del obispado. El hecho de que no le permitiesen predicar hasta que no tuviera sus estudios de teología hizo que abandonase la ciudad y se marchase a estudiar a París.
Durante la Guerra de la Independencia fue ocupado por los franceses, quienes saquearon todos sus objetos de valor y utilizaron el convento como cuartel y hospital. Las sucesivas desamortizaciones y la disolución de la orden dominica en 1835 provocaron su abandono y el traspaso de la propiedad al Obispado, que decidió establecer la parroquia de San Pablo en la iglesia, con el resto del convento convertido en cuartel de caballería y enfermería. El mobiliario y la biblioteca del convento fueron expoliados. El progresivo deterioro parecía imparable hasta que la Comisión de Monumentos se hizo cargo del conjunto y en 1865 convirtió el claustro en Museo Provincial de Bellas Artes.
Desde 1892 volvió a funcionar como convento de la Orden de Predicadores. Actualmente existe una comunidad de monjes dedicados al estudio, la predicación y la docencia de la Teología. Tiene Facultad de Teología y una editorial centrada en temas dominicanos y en el humanismo cristiano.
En el recorrido por el convento se pueden visitar los siguientes espacios:
1. Escultura de Francisco de Vitoria Antes de llegar al Convento de San Esteban, en la Plaza del Conciliode Trento, vemos la escultura que Salamanca dedicó a Francisco de Vitoria, precursor de los Derechos Humanos y del Derecho Internacional. Según una antigua tradición, cuando la gota le impedía caminar hasta la universidad, sus alumnos lo llevaban en andas hasta las aulas, impulsados por la admiración y el deseo de seguir aprendiendo de su maestro de teología.
2. Puente sobre el Arroyo de Santo Domingo El acceso al convento se realiza atravesando un pequeño puente de un solo ojo que salva el Arroyo de Santo Domingo. Construido en piedra de Villamayor por iniciativa de Domingo de Soto tras su participación en el Concilio de Trento, este puente no es únicamente un elemento funcional, sino también un umbral simbólico entre la ciudad y el espacio conventual.
Desde la explanada que se abre ante la iglesia se obtiene una de las panorámicas más impactantes del conjunto. La fachada del templo domina el espacio con fuerza, y la luz del día transforma su apariencia a lo largo de las horas, alcanzando un efecto especialmente llamativo al atardecer, cuando la piedra se tiñe de tonos dorados, ocres y rojizos.
3. La fachada La fachada del convento, diseñada por Juan de Álava y ejecutada entre 1524 y 1610, constituye una de las obras cumbre del plateresco español. Su concepción responde a la idea de un gran retablo monumental en piedra, donde la arquitectura y la escultura se integran en una composición de extraordinaria complejidad
Se organiza a modo de un gran retablo, dividido en calles y cuerpos. La cobija un enorme arco cuyo intradós se decora con alcachofas y casetones. En las enjutas del arco campean dos grandes escudos del cardenal Álvarez de Toledo, el promotor de la obra.
El programa iconográfico que la recorre es de gran riqueza simbólica. En él se combinan escenas bíblicas, representaciones alegóricas y figuras vinculadas a la Orden de Predicadores. Todo el conjunto está pensado como una auténtica “lección de teología en piedra”, destinada tanto a la contemplación como a la enseñanza.
En el centro destaca el relieve del Martirio de San Esteban, que articula visualmente toda la fachada. A su alrededor se distribuyen santos dominicos y figuras relevantes de la tradición cristiana. En el nivel inferior aparecen, entre otros, Santo Domingo de Guzmán, San Francisco de Asís, San Jacinto de Polonia y Santa Catalina de Siena.
En los cuerpos superiores se representan figuras como Santo Tomás de Aquino, San Andrés, San Juan Evangelista y San Pedro Mártir de Verona. El conjunto se corona con un Calvario flanqueado por San Pedro y San Pablo, mientras que en los extremos se sitúan los papas Gregorio Magno y León Magno, subrayando la autoridad doctrinal de la Iglesia.
4. Pórtico de acceso a la portería El pórtico, realizado por Juan de Ribero entre 1590 y 1592, está compuesto por nueve arcos de medio punto que siguen el modelo de las logias renacentistas italianas y contrastan, por su clasicismo, con la exuberante decoración plateresca de la fachada. En los medallones de las enjutas se representan santos de la Orden de Predicadores. El piso alto, situado sobre la portería, que fue la antigua biblioteca, acoge hoy el museo de arte sacro.
5. La portería En la bóveda del corredor de la portería cinco lienzos representan a algunos de los personajes más relevantes de la historia del convento: Francisco de Vitoria, Melchor Cano, Diego de Deza, el cardenal Juan Álvarez de Toledo y Domingo de Soto.
Estas personalidades reflejan la importancia del convento como centro intelectual de primer orden, estrechamente vinculado a la Universidad de Salamanca y al desarrollo del pensamiento teológico, jurídico y filosófico de la Edad Moderna
6. Claustro de los Reyes (o de Procesiones Se construyó sobre el espacio que ocupaba el claustro del siglo XIV del que aún pueden verse varias puertas tapiadas en los muros. Fue realizado por el arquitecto dominico fray Martín de Santiago. Es el claustro principal, denominado "de procesiones" o “de los Reyes”. Tiene dos galerías superpuestas, la baja con veinte ventanales y el alta con cuarenta.
En la planta baja se mezclan elementos góticos y renacentistas. Los arcos, renacentistas de medio punto, están divididos por columnillas a la manera de los claustros góticos. Las bóvedas lucen un complicado sistema de nervios estrellados con claves policromadas. En los cuatro ángulos del claustro hay hornacinas en las que aparecen representadas la Anunciación, la Natividad, la Adoración de los Reyes y la Presentación de Jesús en el templo. Medallones, con bustos y nombres de profetas del Antiguo Testamento, adornan la cara interna de los pilares que sostienen las bóvedas.
Cada una de las puertas que abren al claustro tiene sobre ella la imagen tallada en piedra de los santos más importantes de la Orden. Las dos puertas abiertas en la panda sur dan acceso al Salón de Profundis, uno de los espacios más antiguos del convento, en donde la comunidad oraba por las almas de los difuntos al ir y volver del refectorio. Desde aquí se pasa al Claustro de los Aljibes y la antigua enfermería. Esta parte del convento habitualmente está cerrada al turismo.
En la panda este del claustro sendas puertas dan acceso al Capítulo Antiguo (s. XV) y al Capítulo Nuevo (s. XVII).
• El Capítulo Antiguo es una de las dependencias más antiguas del convento. Sirvió de cementerio para los hijos más ilustres de la comunidad, de ahí que albergue los restos de Francisco de Vitoria y Domingo de Soto. En la Sala Capitular Antigua la comunidad de frailes dominicos tomó decisiones que marcaron el curso de la humanidad, como apoyar a Cristóbal Colón o participar en la evangelización de América. Entre sus muros se gestaron los Derechos Humanos y el Derecho Internacional.
• El Capítulo Nuevo se inauguró en 1667. Fue financiado por fray Íñigo de Brizuela, obispo de Segovia. La portada tiene una hornacina con la figura de San Esteban. Es ya de estilo manierista y de sus muros cuelgan los retratos de los hijos predilectos del convento. Se utiliza en la actualidad como sala de conferencias.
La última puerta de esta galería da acceso a la Escalera de Soto.
En la panda norte del claustro bajo, que linda con la iglesia, se abren cinco pequeñas puertas correspondientes a otros tantos confesionarios. Cada una de las tiene un pequeño para el confesor y una ventana con reja abierta a las capillas del lado de la epístola de la iglesia. Según una antigua tradición, en uno de ellos se confesaba Santa Teresa de Jesús.
7. La Escalera de Soto En el ángulo noreste del claustro se abre la puerta que da acceso a la Escalera de Soto, que comunica el claustro bajo y el alto. Data de 1553 y fue costeada por Domingo de Soto a su regreso del Concilio de Trento. Es una escalera en voladizo, sin soportes que sostengan sus pesados peldaños de granito. La construyó el arquitecto Rodrigo Gil de Hontañón y fue considerada un alarde de la arquitectura de su tiempo, hasta el punto de que en el s. XVIII fue copiada en algunos de los edificios más importantes del barroco salmantino.
8. La sacristía La sacristía, con acceso desde la caja de la escalera, es obra de los arquitectos Alonso Sardiña y Juan Moreno, iniciada en 1627 y patrocinada por fray Pedro de Herrera Suárez, catedrático de la Universidad de Salamanca, prior del convento y obispo de varias ciudades españolas.
Destacan sus grandes dimensiones y la decoración clasicista a base de pilastras acanaladas. Las grandes cajoneras se embuten en los arcos que se abren en los muros. En varias vitrinas se exhiben ornamentos litúrgicos. Los muros de la cabecera y de los pies semejan arcos de triunfo, con el frontón partido para acoger una hornacina con la imagen de la Virgen, en la cabecera, y de Santo Domingo a los pies, sobre la puerta.. En el muro de la izquierda, dentro de un arcosolio se encuentran la escultura orante del fundador. En el muro frontero un nicho acoge la urna con sus restos.
7.- Capilla de los Bonal En la cabecera de esta pequeña capilla, antesala de la iglesia, se encuentra el cenotafio de mármol dedicado a don Fernando Álvarez de Toledo, III Duque de Alba. Fue realizado en 1984 por Fernando Chueca Goitia. Acoge bajo un arco el busto del Gran Duque, copia del que realizara Pompeo Leoni.
8.- La Iglesia El promotor de la actual iglesia de San Esteban fue el cardenal Juan Álvarez de Toledo, hijo del II Duque de Alba y tío del III Duque de Alba, que había sido fraile en este convento. La iglesia fue diseñada por el arquitecto Juan de Álava. Su obras comenzaron en 1524 bajo la dirección de dicho arquitecto para, posteriormente, ser continuadas por fray Martín de Santiago, Rodrigo Gil de Hontañón y Juan de Ribero, consagrándose en 1610. Es una iglesia de planta de cruz latina, con nave única de 87 m. de longitud y capillas abiertas entre los contrafuertes. A pesar de las fechas tan tardías en las que fue iniciada su estilo, en líneas generales, es tardo-gótico. La nave presenta bóvedas de crucería muy planas, reflejo de un gótico tardío. Las claves se decoran con rosetones de gusto plateresco. Sobre el crucero se alza el cimborrio realizado por Rodrigo Gil de Hontañón, ya de estilo renacentista. Luce hermosas claves policromadas decoradas con imágenes de santos, destacando la clave central que representa la Coronación de la Virgen. Llaman la atención las grandes dimensiones del presbiterio y del coro situado a los pies y sostenido por un gran arco carpanel.
El presbiterio, elevado sobre el resto de la iglesia, está presidido por el grandioso retablo realizado a finales del s. XVII por José de Churriguera, considerado uno de los retablos más importantes del último barroco español. Se levanta sobre un elevado basamento en el que se abren sendas puertas laterales que dan acceso a la antigua cripta. El cuerpo central está articulado con seis grandes columnas salomónicas de orden gigante, decoradas con pámpanos y hojas de vid, símbolos de la eucaristía. En las calles laterales se abren sendos nichos con las esculturas de Santo Domingo de Guzmán, en el lado de la Epístola, y de San Francisco de Asís, en el del Evangelio. El centro del retablo lo preside el gran expositor del Santísimo Sacramento. El sagrario-tabernáculo semeja un templete, con cúpula y columnas salomónicas. En el centro del ático una gran pintura, realizada por Claudio Coello, representa la Lapidación de San Esteban. Los retablos del crucero están dedicados a Santo Domingo de Guzmán, el del lado del Evangelio, y a Santo Tomás de Aquino el de la Epístola.
En el crucero del evangelio se abre, a modo de arco triunfal, la Capilla del Rosario. Tiene retablo barroco realizado por José de Churriguera, con la imagen de la Virgen de Rosario regalada por el papa Pío V en el siglo XVI. Sobre el el arco una pintura mural de Antonio Villamayor representando la Coronación de la Virgen. En el crucero sur se encuentra la puerta de salida al claustro, dedicada a San José, con delicada decoración de grutescos.
9.- Claustro alto El claustro alto ya es plenamente renacentista, con arcos de medio punto que descansan sobre pilastras y capiteles platerescos, medallones en las enjutas y una sencilla cubierta de madera. En el ángulo noroeste de la galería septentrional sendas puertas dan acceso al coro y a la antigua biblioteca en la que hoy se encuentra el museo.
10.- EL coro El acceso al coro desde el claustro se realiza a través de una bellísima y original puerta plateresca presidida por el escudo del fray Juan Álvarez de Toledo. Situado a los pies del templo, se levanta sobre tres tramos de bóvedas rebajadas. Lo primero que llama la atención es la espectacular vista de la nave de la iglesia, con el retablo de José de Churriguera presidiendo el altar mayor. La sillería de nogal fue trazada por Alonso Balbás a mediados del siglo XVII. Su ornamentación, ya manierista, se reduce a diseños geométricos. En la silla del prior hay una hornacina con la imagen de Santo Domingo, y sobre ella, un cuadro de la Virgen con el niño copia del original de Rubens que se encuentra en el museo. Un gigantesco fresco, realizado en 1705 por Antonio Palomino, cubre el testero del coro. Representa, en dos planos, a la Iglesia Militante y a la Iglesia Triunfante.
11.- Museo El Museo de Arte Sacro del Convento de San Esteban, en Salamanca, es un espacio dedicado a la conservación y exposición de piezas vinculadas a la historia religiosa del convento y de la orden dominica. Se encuentra integrado en el propio conjunto monumental y permite al visitante acercarse al patrimonio artístico y espiritual acumulado a lo largo de los siglos.
En sus salas se exhiben obras de orfebrería, pintura, escultura y objetos litúrgicos que reflejan la riqueza del arte sacro entre el Renacimiento y el Barroco. El museo contribuye a contextualizar la vida conventual y la importancia histórica de San Esteban como uno de los grandes centros religiosos e intelectuales de Salamanca.
12.- Farmacia El convento dominico de San Esteban, en Salamanca, acoge desde diciembre de 2014 una sala-museo dedicada a la antigua botica de Isidro Puerto González, farmacéutico que ejerció en La Alberca (Salamanca). El espacio recrea una farmacia del siglo XIX y reúne antiguos recetarios, frascos de cristal, granatarios y más de 300 productos, expuestos en la zona alta del convento, junto al coro y el museo.
La colección se completa con materiales procedentes de la farmacia de Isidro Puerto, así como con piezas adquiridas a Ángel Sánchez Villanueva y al licenciado Gallego de Cebreros (Ávila). Junto a este conjunto se muestran también algunas de las escasas piezas originales conservadas de la antigua botica del propio convento de San Esteban, que desapareció tras la desamortización de Mendizábal en 1835. Sus orígenes se remontan a comienzos del siglo XVI, cuando en 1506 se documenta la presencia del primer boticario del convento, Antonio Torres.
En la actualidad, el convento de San Esteban cuenta con dos exposiciones permanentes que permiten al visitante adentrarse tanto en su patrimonio artístico como en su dimensión histórica y misionera.
Por un lado, el Museo de Arte Sacro, ubicado en lo que fue la antigua biblioteca, sobre la portería, reúne una valiosa colección de obras religiosas. En la primera sala destaca la pintura, con piezas como una Virgen con el Niño atribuida a Rubens.
En la segunda sala pueden contemplarse tallas románicas en madera procedentes del convento dominico de la Peña de Francia. El conjunto se completa con una rica y variada colección que incluye la Biblia que el papa Luna regaló a San Vicente Ferrer, pequeños óleos sobre cobre, esculturas de marfil llegadas desde Filipinas a través de las misiones, así como manuscritos y dos libros corales del siglo XVI.
El museo conserva además un importante conjunto de ornamentos litúrgicos y piezas de orfebrería que abarcan desde el siglo XIII hasta el XVII, junto con imágenes barrocas, relicarios y valiosas donaciones de reyes y nobles que a lo largo del tiempo favorecieron al convento. También se exponen vestiduras litúrgicas como casullas, capas pluviales y dalmáticas, que ayudan a comprender la riqueza de la vida religiosa conventual.
Por otro lado, el claustro alto acoge una exposición dedicada a la labor evangelizadora de los dominicos de San Esteban en América. A lo largo de sus galerías, frases de Francisco de Vitoria introducen al visitante en las ideas que dieron origen a la reflexión sobre los derechos de los pueblos indígenas. La muestra se completa con cerámicas y objetos precolombinos, fotografías y libros, que ilustran tanto la labor histórica como la presencia actual de los dominicos en el continente americano.